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La Mañana

Una pesadilla de nunca acabar

Kilómetro 10 de la Ruta 151, en el límite entre Cipolletti y Cinco Saltos: un Fiat le pega de atrás a un Peugeot. De inmediato, la enorme fila india de conductores comienza a maniobrar para evitar el impacto en cadena. Uno de cada dos autos se tira a la banquina, y por fortuna el saldo fue de un solo accidente. Ruta 22, a la altura de los puentes: un minúsculo grupo de manifestantes avasalla el derecho a circular libremente a miles de personas por una protesta por demás sectorial. Dos postales de un mismo fenómeno.
Si bien el choque pudo estar vinculado a la impericia de alguno de los dos involucrados, está claro que el colapso en el tránsito en ese sector no hubiese sido tal de no producirse la protesta de Barrios de Pie.
Tanto para aquellos que tuvieron que cruzar los puentes caminando o para los que se vieron obligados a recorrer más kilómetros de los habituales para cumplir con sus obligaciones, el día más lindo de la semana (más bello aún porque el lunes es feriado) se transformó por momentos en una pesadilla. Fue una verdadera odisea, porque no se puede calificar de otra manera estar una hora y media arriba de un auto para llegar a un lugar que, en condiciones normales, demandaría 10 o 15 minutos, o unos 30 en horarios pico. Con el agravante del nerviosismo y la agresividad que puede llegar a invadir a las personas que se ven afectadas en este tipo de situaciones. De eso se vio mucho en los puentes Cipolletti-Neuquén y Cinco Saltos-Centenario.
La sensación de impotencia que envolvió a miles de personas ayer se transformará, con el correr de las horas, en una triste resignación, porque no hay un solo elemento que permita pensar que esto cambiará. Nadie se hace cargo. Y como ocurre cada vez más, pareciera que la agenda de prioridades de la clase política va por un carril muy distinto al de los problemas de la ciudadanía.