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La Mañana

Una teoría que cambió la visión del mundo y del hombre

La evolución de las especies planteada hace 150 años por Charles Darwin señaló un nuevo tipo de pensamiento religioso y político.
Por Pablo Montanaro

La teoría darwiniana provocó la revolución antropológica, cultural e ideológica más profunda en toda la historia.

Neuquén > Hace 150 años se publicaba la primera edición de “El origen de las especies”, una de las principales obras del naturalista inglés Charles Darwin, de quien el pasado 12 de febrero se cumplieron doscientos años de su nacimiento.
Con su teoría de la evolución, Darwin explicó el origen del hombre a través de procesos naturales, relacionando de esta manera a todos los seres vivos y dando sentido a la vida. La principal obra de Darwin encendió una intensa polémica acerca del papel de la selección natural en la evolución y el desafío que presentaba su teoría para la religión, la moralidad y la tradición social.
La Mañana de Neuquén entrevistó a Héctor Palma, experto en Evolución y Filosofía e Historia de la biología, quien además se desempeña como Secretario de Investigación de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), con el objetivo de conocer las ideas de uno de los científicos más influyentes de la historia y autor de una obra que ubicó a la especie humana derivada de ancestros no humanos.
En la próxima Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, Palma presentará su libro “Darwin en la Argentina”, que da cuenta del paso del naturalista inglés por el territorio argentino durante el año en el que a bordo del velero HMS Beagle recorrió las costas de Santa Fe, Buenos Aires y la Patagonia.

¿Podría explicar en pocas palabras qué significó la publicación de “El origen de las especies” en 1859?
Este libro marcó el inicio de un enorme capítulo de la biología que aún no culmina. Para dar una idea de la significación basta recordar el título de un artículo de 1973 de otro biólogo eminente, T.H. Dobzhansky, quien expresó que “nada en biología tiene sentido si no es a la luz de la evolución”.

¿Cuál sería el debate o revisión que debería darse en la actualidad en torno a las ideas de Darwin?
Habría que distinguir distintos planos bien diferenciados. Por un lado, en biología sólo se discuten algunas cuestiones secundarias, no menores por cierto, como cuál es la unidad de selección, cuáles son los tipos de secuencias del proceso de especiación, la diferencia entre micro y macro evolución, y otras cuestiones por el estilo. Pero no se discute lo central de la teoría que es un tema saldado. Hay otros temas, que de un modo más o menos genérico podríamos denominar “darwinismo”, esto es el conjunto de derivaciones sociales, políticas y culturales que devienen de la expansión y recepción de la teoría de la evolución en distintos ámbitos y países. En ese campo aún pueden surgir interesantes discusiones. Por ejemplo con relación  a la recepción del evolucionismo en general y de la teoría darwiniana en particular. Esto es objeto de las ciencias sociales. Ahora bien, no hay que confundir los dos planos anteriores con el tipo de discusión que proponen los grupos fundamentalistas religiosos que pretenden equiparar el creacionismo, ahora bajo la denominación “diseño inteligente” con la teoría de la evolución con el pretexto de que la evolución está aún en discusión. Esto no es verdad, por lo menos en los términos en que ellos lo plantean. La actual teoría del “diseño inteligente” no es más que una nueva denominación para el creacionismo de la época de Darwin y postula que los seres vivientes, en tanto organismos complejos, no pueden ser producto del azar y la contingencia evolutiva, sino el resultado de un diseñador inteligente.

La teoría postulada por Darwin abarcó otros sectores, ¿de qué manera se fue afianzando y modificando con el tiempo?
La teoría de la evolución hoy no es exactamente la misma que expusiera Darwin. Por un lado, algunos de los problemas que acosaban a su teoría, como por ejemplo “la imperfección del registro fósil”, el cálculo de la antigüedad de la Tierra y la carencia de una teoría de la herencia, hoy ya no son temas que generan discusión. En paralelo, los aportes de la genética (mendeliana, de poblaciones y finalmente la molecular), el neodarwinismo de Weismann que elimina la herencia de los caracteres adquiridos, y la teoría sintética a partir de los años ‘30 del siglo XX (principalmente Dobzhansky) fueron modificando pero a la vez reforzando la propuesta inicial darwiniana basada en el origen común de lo viviente y en la selección natural como mecanismo evolutivo fundamental. Pero insisto, lo fundamental está consolidado y aceptado como un hecho.

Usted afirmó que cualquier intento de conciliación entre el cristianismo y la teoría darwiniana de la evolución conlleva violentar o bien la evolución o bien la religión.
La teoría de la evolución, sobre la base de la idea del origen común, ubica a la especie humana derivando de ancestros no humanos y como el resultado de una historia evolutiva particular y contingente. Esto eliminaba no sólo la creencia en la creación especial (según la cual Dios habría creado a cada especie por separado), sino sobre todo la idea del hombre hecho a imagen y semejanza del creador, como culminación de la creación y con un lugar privilegiado en el mundo. La humanidad es sólo el resultado del azar evolutivo. Dicho en términos filosóficos, se elimina la teleología cósmica, porque la selección natural opera en cada individuo y en cada generación sin ningún objetivo externo ni de mediano o largo plazo. Los individuos simplemente sobreviven y se reproducen o mueren y se extinguen y sólo la reconstrucción retrospectiva, digamos, del paleontólogo, mediante un relato histórico unificador puede generar la ilusión de que hay una meta o una direccionalidad.

El investigador inglés John Dupré sostuvo que la teoría de la evolución es “un recurso limitado en lo que hace a la explicación de nuestro comportamiento”.
Dupré se refiere a una línea de investigación que denomina Psicología evolutiva y que pretende descubrir el origen de las conductas humanas complejas tan sólo en alguna ventaja reproductiva de origen, sin considerar el carácter multicausal de nuestras conductas ni el papel de la cultura. Es muy común ver artículos de divulgación en este sentido y suelen cometer dos errores metodológicos y conceptuales: animalizan a los humanos reduciendo las conductas a respuestas fisicoquímicas o instintivas o antropomorfizan  a los animales y así encuentran por ejemplo ratas infieles u hormigas corruptas.

¿Qué sentido ha tenido la teoría darwiniana en la sociedad contemporánea?
Ha tenido, además de lo señalado en el ámbito de la biología, una profunda repercusión en otras áreas de la ciencia aportando conceptos explicativos y metáforas a otras áreas. En efecto, la teoría darwiniana de la evolución, forzada ideológicamente en ocasiones, colonizó buena parte de la sociología, la antropología, la economía, la ética, la sociobiología humana, la epistemología, la psicología y la medicina. Pero, además, provocó la revolución antropológica, cultural e ideológica más profunda y amplia derivada de una teoría científica, en toda la historia.

¿La genética es la que comanda los desafíos de hoy?
Sí, en la actualidad la genética viene a completar el mapa de la cuestión biológica con los mecanismos más finos de la herencia y el cambio. De todos modos Darwin no necesitó de una teoría de la herencia (desde ya que si la hubiera tenido habría sido mejor) para que evolución por selección natural diera cuenta del origen de las especies.

¿De qué manera las presiones y los cambios medioambientales pueden forjar nuevas especies?
La presión medioambiental, la presión selectiva en realidad, puede llegar a poner en juego mecanismos o características que pueden representar una ventaja de supervivencia para quienes la poseen y, como contraparte una desventaja (y la desaparición rápida para quienes no la poseen). Luego la transmisión a la descendencia de esas ventajas acumuladas gradualmente a lo largo de cientos o miles de generaciones (por lo menos esta era la versión de Darwin) podría dar lugar a una variedad y eventualmente una especie nueva. 

Algunos estudiosos sostienen que Darwin planteaba la depuración de una raza.
No hay en Darwin expresiones de ese tipo, ni en los libros ni en la correspondencia. Era muy prudente y parco al referirse a cuestiones sociales. Sin embargo, es cierto que Darwin no hace más que repetir -sobre todo en su Diario de Viaje, pero también después- un prejuicio propio de su época como la creencia en la desigualdad racial y en la superioridad de algunas razas sobre otras. En todo caso, como señala Stephen Gould, “Darwin construyó una lógica distinta para explicar una certidumbre compartida por todos”. Y en ese sentido resulta más importante para la comprensión de la historia analizar por qué razones, desatinos tan potentes y perniciosos se instalaron durante tanto tiempo como una certeza indiscutida a partir de la cual se ha generado tanto sufrimiento. En suma cuáles son las razones por las cuales la diversidad llegó y aún en la actualidad ocurre a justificar la desigualdad.


Efecto Darwin en la Argentina


Por Leonardo Salgado (*)


Neuquén >
Hacia 1880 la figura de Darwin comienza a gravitar fuertemente en los círculos ilustrados y académicos de la Argentina, e incluso en la clase dirigente. Figuras tales como Eduardo Holmberg, Florentino Ameghino, Francisco Moreno e incluso en quienes no compartían sus ideas como el naturalista Carlos Germán Conrado Burmeister, por entonces director del Museo de Buenos Aires, supieron entrever la nueva era que comenzaba, el cambio radical de paradigma.

Darwin fue para ellos una figura emblemática, un campeón del progreso humano sobre el oscurantismo. Muchos se consideraron sus discípulos, en mayor o menor medida, como el caso de Domingo F. Sarmiento, aunque muy pocos conocieron su obra o leyeron (y menos aún comprendieron) “El Origen de las Especies”. Sin embargo, todos ellos rescataron lo que representaba su figura, más que sus propias ideas sobre el modo en que se produce la evolución (la teoría de la evolución por selección natural).
Llama la atención que los primeros evolucionistas argentinos no fueran, en este sentido, darwinistas. Si bien fueron evolucionistas y de hecho veían a Darwin como el primer responsable del triunfo del evolucionismo, prácticamente ninguno aceptó su teoría de la selección natural, la cual recién será aceptada por todos bien entrado el Siglo XX. Durante toda la segunda mitad del Siglo XIX hubo una aceptación generalizada de la teoría de la evolución, también en nuestro país, aunque con un fuerte rechazo hacia lo que era la teoría de la selección natural. Nuestros evolucionistas abrazaban otras versiones del evolucionismo que nada tenían que ver con la selección natural y sí con una versión de lo que en Estados Unidos se conoció como neolamarckismo (que rescata del genuino lamarckismo los efectos del uso y desuso de las diferentes partes del cuerpo y de los diferentes órganos, como resultado de cambios de costumbre de los animales) y de la ortogénesis (que plantea una evolución por el efecto de causas internas al organismo), que son modos de evolución que nada tienen que ver con la selección natural.
Podemos afirmar que Florentino Ameghino es nuestro mayor evolucionista del Siglo XIX, el único investigador argentino que realmente comprendía el proceso de la evolución, y por ello podemos afirmar que es el principal discípulo de Darwin en nuestro país en esa época.

(*) Paleontólogo de la Universidad Nacional del Comahue y del Conicet.


El origen de todo


El naturalista inglés Charles Robert Darwin (1809-1882) postuló que todas las especies de seres vivos han evolucionado con el tiempo a partir de un antepasado común a través de un proceso denominado selección natural. La evolución fue aceptada como un hecho por la comunidad científica y por buena parte del público en vida de Darwin, mientras que su teoría de la evolución mediante selección natural no fue considerada como la explicación primaria del proceso evolutivo hasta los años ‘30, y actualmente constituye la base de la síntesis evolutiva moderna. Con sus modificaciones, los descubrimientos científicos de Darwin en la actualidad siguen siendo el acta fundacional de la biología como ciencia, puesto que constituyen una explicación lógica que unifica las observaciones sobre la diversidad de la vida.

En “El origen de las especies”, Darwin expuso sus ideas sobre la selección natural y la teoría de la evolución. Obra fundamental en el contexto de la historia de la ciencia y la biología, argumenta su teoría sobre cómo los organismos evolucionan gradualmente por medio de la selección natural, presentando evidencias de su teoría acumuladas en su viaje en el HMS Beagle entre 1831 y 1836. Teoría opuesta a las vigentes en su época, como el creacionismo y catastrofismo.
Las ideas de Darwin constituyen la base de la biología moderna y que aún hoy continúan siendo controvertidas para ciertos grupos religiosos quienes se apoyan en una interpretación literal de textos religiosos a favor de explicaciones creacionistas.