Vivir y delinquir para las cámaras

La vigilancia mediante cámaras es un destino que ya no se puede sortear, el mero intento de hacerlo sería mal visto por la población que reclama cada vez más seguridad. No sólo lo piden cámaras en las calles sino también en los jardines, escuelas, oficinas públicas, rutas, fronteras y hasta en las comisarías.

Desde el 2013 el gobierno neuquino se sumó al escenario mundial de la hipervigilancia ciudadana. Hasta la fecha, se han desembolsado más de 62 millones de pesos en cámaras, nodos, monitores, fibra óptica y demás tecnología para tener más ojos para monitorear la ciudad.

El delito cero es una utopía, pero generar un plan de seguridad integral ayudaría a bajar la cifra.

A pesar de las idas y venidas con la empresa proveedora y los problemas de conectividad, el Gobierno confirmó que hoy funcionan 105 cámaras y próximamente sumaran otras 65.

Pero esta vigilancia permanente no se ve reflejada en las estadísticas delictuales que demuestran que el delito sigue creciendo en la provincia.

Desde el área del Gobierno a cargo de las tecnologías son realistas y afirman que "las cámaras sirven para disuasión y prevención". A esto se suma que los delincuentes también saben mutar y acomodarse al nuevo escenario.

De todas formas, ni siquiera Londres, la ciudad más vigilada del mundo por tener una cámara cada 14 habitantes, ha logrado poner un freno a la delincuencia.

Vale aclarar que el delito cero es una utopía, pero seguro ayudaría a reducir los niveles de violencia un plan de seguridad transversal que no sólo incluya la colocación de cámaras, sino que genere más alternativas y oportunidades para los jóvenes que carecen de contención y son desplazados por el sistema. Esa integración sí es una deuda pendiente en Neuquén.

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