YPF, el ajuste y los intereses

Un mes duró la paz petrolera. De forma intempestiva, Guillermo Pereyra pateó el tablero, se lanzó de lleno contra YPF y sumó el respaldo del gobernador Omar Gutiérrez. Apuntado y cada vez más aislado políticamente, Miguel Galuccio salió a refutar los dichos del gremialista y recordó que hace pocos días nomás firmaron un acuerdo –con amplias sonrisas para la foto– en el que se pautaron los alcances del ajuste, con suspensiones rotativas de unos mil trabajadores durante 90 días, para evitar despidos. La compleja trama de intereses cruzados y un contexto nacional e internacional crítico para la actividad petrolera configuran un escenario explosivo. Desde fines de 2014, cuando comenzó el derrumbe del petróleo, se terminó la época de las vacas gordas y hoy Vaca Muerta está internada en terapia intensiva. YPF logró capear el temporal en 2015, gracias a un barril interno a 77 dólares; sin embargo, sus ganancias se redujeron a la mitad y por eso este año bajará las inversiones de los 3000 millones de dólares a unos 2200. Desde la compañía sostienen que es imperioso disminuir los costos operativos para mantener el nivel de actividad, cuestión que se viene negociando con el gremio y las empresas de servicio desde hace más de un año, con escaso éxito. El acuerdo firmado semanas atrás debía saldar esa deuda, pero algo se rompió. Pereyra se retobó y logró que Gutiérrez le abriera las puertas de la Casa de Gobierno para lanzar su manifiesto. Los negocios que florecieron con el boom de Vaca Muerta y que hoy ya no se pueden sostener, la disputa política por el sillón que ocupa Galuccio, el huracán de cambio en Nación y la interna gremial crean una atmósfera que amenaza con desatar la guerra petrolera.

La crisis del crudo desnuda la compleja red de pujas de poder y de negocios en torno a Vaca Muerta.


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