A la espera del gran debate

Alfredo Enrique.

En un fin de semana sin fútbol, y con la transmisión en vivo de canales de TV y cable que aseguran un altísimo rating (se habla de un nivel similar a la final entre Argentina y Alemania), Daniel Scioli y Mauricio Macri llegan con objetivos bien diferentes al debate presidencial del próximo domingo.

Con el apuro de las encuestas que lo colocan en desventaja –no se sabe si las previsiones fallarán tanto como en la primera vuelta–, el gobernador bonaerense reforzaría la tesis del miedo y recordará el rechazo de Macri a temas clave de la agenda política como la estatización de YPF, Aerolíneas, asignación universal o matrimonio igualitario. "Lo voy a desenmascarar", dicen que dice.

El histórico intercambio presidencial promete tanto rating como la final entre Argentina y Alemania.


El jefe de Gobierno porteño, asesorado por un curioso y heterogéneo equipo –acompañado incluso por las enseñanzas de una maestra budista–seguramente intentará reforzar la idea de la necesidad de un cambio, sin confrontaciones, aunque si es necesario podrían recurrir a ellas con sólo convocar los nombres de Boudou o Nisman. En el debate habrá cuatro ejes temáticos: desarrollo económico y humano; educación e infancia; seguridad y derechos humanos y fortalecimiento democrático. Según el manual de estilo acordado con los representantes de los dos postulantes, habrá lugar a preguntas entre ellos y tiempo para las respuestas; este será tal vez el segmento más caliente de la confrontación. En lo que digan, pero también en lo que callen, se verán las fortalezas y las debilidades de cada uno en una contienda histórica, por ser la primera de estas características. Más allá de quién gane frente a las cámaras, el escrutinio del domingo terminará de deshojar la margarita, tras lo cual no habrá demasiado tiempo para disfrutar la miel del triunfo.

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