Abuela mató a su nietito a escobazos

La chilena, de 54 años, se enojó porque el nene de 7 años no quiso comer. La asesina lo llevó al hospital diciendo que el chico tenía una apendicitis.

Chile. La pintoresca ciudad chilena de Valparaíso fue escenario de un brutal crimen que tuvo como víctima a un niño de 7 años asesinado a golpes por su abuela, quien tenía su custodia desde el 2016. La mujer de 54 años llevó al pequeño sin vida al hospital y se excusó en una supuesta apendicitis, que no fue tal, ya que los médicos detectaron lesiones en el cuerpo de la víctima.

El aberrante hecho ocurrió el sábado. La mujer trasladó al niño sin vida hasta la guardia del hospital Mario Sánchez, presuntamente a causa de un malestar en el estómago o apendicitis. Sin embargo, los médicos detectaron lesiones en las piernas del pequeño, por lo que de inmediato intervino la Brigada de Homicidios de Valparaíso. De acuerdo con el fiscal Elizardo Tapia, la mujer confesó lo sucedido luego de las pruebas contundentes en su contra. “No era mi intención, era mi nieto”, se justificó la abuela ante las autoridades.

Tras la confesión, la mujer quedó detenida y se le dictó la prisión preventiva por al menos 120 días durante el curso de la investigación por parricidio. La agresora reconoció que le pegó a su nieto con el escobillón hasta que se le quebró. Sin embargo, no dejó de atacarlo, sino que redobló la apuesta y lo siguió atacando a patadas. De acuerdo con el fiscal Elizardo Tapia, la mujer habría atacado al niño porque no quería comer. Después de la autopsia, se determinó que la muerte fue provocada por una contusión abdominal cerrada, con rotura de duodeno e intestino grueso.

La mujer tenía la tutela del niño y también de su hermana de 5 años. Sus vecinos dejaron un directo mensaje en la puerta de la casa de Roxana Patricia Guerra Zamorano, la abuela asesina. “Cada niño es inocente. Aun cuando te saquen de quicio no los castigues con maltrato, recuerda que tú eres el adulto”, se lee en el colorido letrero. En el lugar hay globos y restos de velas que los vecinos también prendieron para pedir por el descanso del pequeño, quien llegó a ese lugar en el 2016 proveniente de Santiago.

Los vecinos manifestaron que “los pequeños llegaron con mucho daño. No dejaban que nadie se acercara a ellos, mucho menos que los tocaran, reaccionaban con llanto y rabia cada vez que eso sucedía y entre ellos tampoco había demostraciones de cariño”.

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