Así pasamos ese clima donde la represión y la censura no sólo estaban en los kioscos, donde un celofán negro cubría las tapas de las revistas que mostraban cuerpos desnudos de hermosas y sensuales mujeres, sino también en las propias familias.
Cuando en esa plena y tumultuosa adolescencia uno podía acceder a ese "tesoro", disfrutábamos de esas hermosas conejitas. Con el tiempo también fuimos reconociendo una escritura literaria volcada en artículos, relatos y audaces entrevistas donde accedíamos a las confesiones y reflexiones de un Fidel Castro a un Woody Allen, de un Salvador Dalí a un Stephen Hawking.
Hace tiempo que el porno le quitó público a este tipo de publicaciones. Ahora, con un solo clic se puede encontrar gratis todo aquello y aun mucho más y para todos los gustos que lo que durante más de seis décadas ofreció la creación de ese viejo que aún sigue rodeado de su harén de mujeres. Para beneficio de la imaginación, por ahora en nuestro país las mujeres de Playboy seguirán mostrándose sin ropa. Acaso vale preguntarse si en estos tiempos modernos de hipersexualidad a toda hora y lugar precisamente la sexualidad ha perdido impacto en términos de valor cultural.


