Alquileres: una pelea despareja

El problema es la expectativa inflacionaria que tienen los propietarios; nadie quiere perder", dijo hace una semana el dueño de una conocida inmobiliaria de Neuquén.

El hombre reconoce que el panorama de alquileres en la capital no tendrá cambios importantes hasta que la economía no empiece a estabilizarse. Dicho en criollo: hasta que la inflación no comience a bajar.
Con el comienzo de 2016 los precios de los alquileres se mantuvieron altos, sin tanta demanda como el año pasado, aunque según los operadores, es cuestión de tiempo, ya que las necesidades no se pueden postergar mucho más. La gente necesita un lugar para vivir.

Con las paritarias, por ahora congeladas, quienes viven de un sueldo y necesitan renovar el alquiler dedican horas de su tiempo a tratar de encontrar una propiedad que cumpla con sus expectativas, aun cuando su ubicación no se encuentre en el radio céntrico.

Además de pagar tres meses adelantados, los inquilinos deben hacerse cargo de ajustes semestrales.

Por menos de 6000 pesos (dependiendo la calidad de construcción) parece imposible alquilar un departamento de un dormitorio a no más de 15 cuadras de la Avenida Argentina o en algún barrio de clase media. Es más fácil conseguirlo por 7000 y 8000 pesos. ¿Pero quién los tiene? Los tres meses adelantados que piden las inmobiliarias hacen que cualquier inquilino tenga que tener una reserva extra (o recurrir a un préstamo) para poder conseguir alojamiento. Y luego garantizar el pago mensual de ese importe (a veces sin contar las expensas) para vivir tranquilo solo por seis meses, ya que la mayoría cobra una indexación semestral de no menos del 15 por ciento.

Los propietarios tienen expectativas de ganancias y los inquilinos, de vida digna. La línea de equilibrio -por ahora- parece estar muy lejos.

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