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La Mañana

Aquella gran batalla del 73

El gobierno nacional hizo todo lo posible para desacreditar a los dirigentes y al MPN, pero no lo logró.

Conocidas son las broncas y los odios que hubo desde el peronismo hacia sus ex compañeros que un día pasaron a las filas del Movimiento Popular Neuquino con la promesa de volver pero que nunca lo hicieron. Fueron muchos encontronazos, pero nunca una batalla política se libró tan fuertemente como la de las elecciones de 1973.

Los dirigentes que “volvieron” del MPN para cumplir aquella promesa que hicieron cuando el peronismo fue proscripto estaban convencidos de que ese año ganarían con comodidad.

El propio Perón arengaba y bajaba línea a los dirigentes locales para que difundieran entre los votantes que el verdadero peronismo es el que había cumplido la palabra y que ese movimiento político que había comenzado a crecer no tenía nada que ver con la doctrina justicialista.

El candidato del PJ para ganar aquellas elecciones era un hombre respetable y conocido en Neuquén: el doctor Nicanor Romero, acompañado de Emlio Such. Felipe Sapag, en tanto, pelearía el sillón de la gobernación junto a Antonio del Vas.

Desde el peronismo la campaña era sencilla, había que insistir: “Romero es Perón” y “Sapag es Lanusse”, en referencia al ex presidente de facto. Sin embargo, los resultados posteriores demostraron después que aquella lucha para que el peronismo retomara el poder en Neuquén no sirvió de mucho.

Felipe Sapag ganó los comicios con el 49,9% de los votos contra el 35,5% del PJ. Pero como no llegó al 50%, hubo ballotage.

En abril de ese año, finalmente el MPN ganó con el 60% de los votos, pese a que dirigentes nacionales del PJ de mucho peso llegaron al territorio para da vuelta el resultado.

Quedaría en la historia algo que en el 73 parecía increíble: en aquellas elecciones nacionales, Neuquén fue la única provincia donde no ganó el peronismo.