¡Atención: llega la megamulta!

La noticia se repite cada lunes del año. Los controles nocturnos en las calles se multiplican, pero la alcoholemia positiva no es noticia, a pesar de las consecuencias irreparables que puede deparar lo que haga un borracho al volante.

Los controles permanentes y las multas no logran dar vuelta las estadísticas de cada fin de semana. No hay madrugada de domingo en la que los inspectores municipales cumplan su jornada sin tener que secuestrar el auto de un conductor pasado de tragos.

Cansado, el intendente Quiroga resolvió cortar por lo sano y anunció que modificará la ordenanza. Aumentará las sanciones a un monto que asusta: "Recuperar el auto costará 30 mil pesos", bramó. La medida –no faltarán los críticos– puede ser tildada de recaudatoria, pero ¿quién puede dudar de su efectividad?

Incluso hasta parece alarmar más que el anuncio de una Ley de Alcoholemia Cero, proyecto del que se habló y se habló, pero sobre el cual nunca se avanzó porque no logró el debido consenso político. Y, además, porque fue tildado por especialistas en seguridad vial de ridículo, ya que los aparatos de medición no son exactos y jamás podrían marcar cero.

Quiroga dijo muchas veces que los borrachos que manejan deberían ir presos y otras tantas veces que la mejor condena es la condena social. Pero por el momento la primera parece de imposible aplicación. La segunda opción no surte efecto en este caso. La pregunta es si el anuncio de la megamulta pasará el filtro del Concejo Deliberante. Y sí, de aprobarse la iniciativa, el monto obligará a repensar este hábito criminal que tiene como peor recuerdo más de una estrella amarilla pintada sobre el asfalto de la ciudad.

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