Todos hablan de la educación. Los gobiernos, los docentes, los gremios… Pero la realidad paralela va por otro lado y refleja un síntoma que nadie tiene en cuenta: en los últimos 12 años, poco más de 400 mil alumnos dejaron las escuelas públicas para pasar a las privadas, un fenómeno que amenaza con incrementarse si los actores recién mencionados no se dan cuenta de la gravedad de esta realidad paralela.
La calidad educativa en la Argentina está muy lejos de ser la que era hace ya varias décadas. De esas escuelas públicas salieron grandes personalidades que terminaron siendo un orgullo para el país. Algo pasó que terminó por hacer caer esa excelencia a niveles increíbles.
La calidad educativa en Argentina está muy lejos de ser la que era hace ya varias décadas.
Hoy el desgranamiento en las escuelas es impresionante. Los chicos no estudian porque tienen problemas sociales y económicos graves, porque las familias están destruidas y porque tanto los gobiernos como los gremios concentran sus discusiones en cuestiones que poco tienen que ver con el aprendizaje.
Ese pase de alumnos a los establecimientos privados no es sólo de familias pudientes. Es un manotazo de ahogado de las clases media y media-baja que no se resignan a perder la mejor oportunidad que tiene una persona para vivir dignamente y en libertad: la educación. Y por eso empeñan hasta lo que no tienen con tal de que sus hijos sean educados con la calidad que demandan el presente y el futuro. Mientras se sigan discutiendo cuestiones estériles, sectorizadas y que nada tienen que ver con la verdadera política de estado que es la educación, van a seguir ocurriendo fenómenos como este. Aunque, claro está, quienes no lleguen a contar con esos recursos deberán resignarse a entregar generaciones que no piensan y que no entienden. Y que nuestros antepasados, con todas las limitaciones que tuvieron, jamás hubieran imaginado.


