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La Mañana

Boom para unos, crisis para otros

Vaca Muerta se convirtió en un campo de batalla por el negocio petrolero. Mientras las operadoras buscan bajar costos en pleno derrumbe internacional del crudo y reducen las tarifas, las grandes compañías de servicios internacionales intentan mantener sus márgenes de rentabilidad mediante ajustes en la dotación de personal y en los salarios.
Para ejercer presión, Halliburton, Weatherford, Baker Hughes y Schlumberger tienen desde hace un par de meses casi 500 telegramas en suspenso, mientras negocian con los gremios cambios en la modalidad de trabajo y discuten los números de los contratos con las productoras.
Hoy la industria local no está ante un escenario apocalíptico como para que se concreten oleadas de despidos. Desde fines del año pasado rige el acuerdo sectorial para mantener el barril a 77 dólares y sostener la actividad. Según los últimos datos oficiales, en junio había 144 equipos en Neuquén contra los 161 del mismo mes de 2014, con lo cual el movimiento petrolero se resintió muy poco.
Diferente es la situación de las pequeñas y medianas contratistas locales que están ahogadas por las demoras en la cadena de pagos, la reducción de sus precios y las subas salariales. 
Con el precio actual del barril, el shale oil no es rentable para las operadoras. Por eso intentan aumentar la productividad y la eficiencia en las operaciones. Pero sí es negocio para las grandes corporaciones que ofrecen los servicios de fractura y terminación de pozos, las mismas que agitan el fantasma de los despidos. Cuando las casas matrices de esas multinacionales bajan la orden de recortar presupuestos, poco les importa la coyuntura de cada país. Tras el derrumbe del crudo, dieron de baja decenas de miles de puestos de trabajo en el mundo y ahora insisten en trasladar el ajuste a la Argentina. Nadie quiere la porción más chica de la torta.