Otra denuncia encendió las alarmas de la Policía y de la Fiscalía de Género. Es un caso misterioso y aterrador, el segundo en menos de una semana. Una estudiante fue atacada por una mujer rubia de unos 50 años cuando viajaba en colectivo. No hubo más arma que un pañuelo perfumado sacado a las apuradas de un bolso de cosméticos.
Apenas hay en Neuquén un puñado de antecedentes viralizados en las redes sociales, pero el historial, sobre todo en Buenos Aires, no permite que estos episodios sean tomados a la ligera.
El terror asoma en escena cuando se menciona a la burundanga, conocida como la droga “del sueño” o de la “violación”, debido al estado hipnótico al que quedan sometidas las víctimas. Apenas conscientes, con las extremidades adormecidas e incapaces de reaccionar, quedan sometidas a las intenciones del victimario que las drogó con un leve contacto de ese barbitúrico untado en el teclado de un celular o rociado sobre un pañuelo.
La Policía admite tener en cuenta estas versiones, pero los esfuerzos se estrellan con la ausencia de denuncias. Por ahora hay tres casos que salieron a la luz: uno fue en un boliche; los otros dos, a bordo de un colectivo. En dos de ellos no se pudo identificar la droga usada y en el último la maniobra fue abortada por la lucidez de la víctima que alcanzó a escapar. No se trata de “viudas negras” que drogan a petroleros con clonazepam para robarles y abandonarlos, sino que en estos casos las víctimas son mujeres jóvenes atacadas en lugares públicos. Robos o secuestros son una posibilidad que no se descarta. Solo resta estar atento. Por ahora, a una mujer rubia de 50 años con un bolso de cosméticos, como explica la crónica de página 11.


