Con el sucesor de Jorge Sapag ya resuelto, la sociedad neuquina empieza a girar la cabeza en la misma dirección que el resto del país, buscando al nuevo huésped de la Casa Rosada. Por eso, a una semana del primer test de la carrera presidencial, crece la expectativa ante una decisión que -al no haber reelección- determinará el fin de un ciclo y el comienzo de otro para un país en que el personalismo tiene rango de institución. Sucede que, sea cual fuere el resultado, en diciembre el poder cambiará de manos.
En el tramo final camino a las primarias, el escenario -según las encuestas- muestra una polarización entre Daniel Scioli y Mauricio Macri. Hasta aquí, el gobernador lidera los pronósticos pero sin alcanzar los números que lo den ganador en primera vuelta y así evitar un riesgoso ballotage. En ese sentido, el peso del antikirchnerismo puede jugar un papel determinante a favor del líder del PRO en la segunda vuelta.
La campaña se ha vuelto vertiginosa y hasta el jueves los candidatos buscarán seducir al votante independiente. Los medios tradicionales y las nuevas plataformas han sido copados por la maquinaria del marketing de todos los postulantes. Desde hace días, coquetean con el electorado en una relación similar a la de un comprador que se para frente a la góndola y mayormente elige por precio y packaging más que por el contenido.
Scioli, Macri, Massa, Sanz, Carrió, De la Sota y Stolbizer saben eso y no corren riesgos. La mayoría recurre al esquema que profesa el asesor estrella del macrismo Jaime Durán Barba: no proponer, no explicar, no atacar, no defenderse. Apelan a la emoción, a los sentimientos y a la identificación, como si fueran youtubers en busca de clics para sus videos. Pero en realidad piden nuestro voto de confianza. Y a cambio dan color y esperanza, pero poco dicen de lo que piensan realmente sobre la Argentina que viene.
Y eso se suma a las expectativas.


