Coherencia y petróleo

Jorge Sapag rompió el silencio y salió a bancar Daniel Scioli. ¿Podía hacer otra cosa? La respuesta se cae de madura: no. Pero los cuatro días de espera, no obstante, habían sido un terreno fértil para las dudas. Al menos desde los discursos, ayer quedaron despejadas. En medio del fervor proselitista previo a las elecciones del domingo, Sapag se había declarado un "obrero" de la causa del bonaerense. Así dio una señal interna a sectores de su partido para que tuvieran bien en claro qué hacer en el cuarto oscuro, y, por caso, puso en un segundo plano la elección para diputados nacionales, en las que el MPN quedó cuarto, en su peor resultado electoral en este rubro desde 1983. En sus primeras declaraciones, emitió un respaldo que también fue una apelación a dejar en claro qué es lo que lo une a Scioli, no un sello político, sí unos posibles beneficios económicos para la provincia. Básicamente, los acuerdos previos, cerrados con otros gobernadores de la Ofephi, entre ellos el sostenimiento de los precios de los hidrocarburos (el valor de 77 dólares el barril de crudo en el mercado local y, ahora último, el aumento a 5 dólares el millón de BTU para el precio del gas), algo vital para que las inversiones sigan entrando a Vaca Muerta y se mantenga la actividad, con el trasfondo del alocado crecimiento que propaga y las complicaciones de caja de la Provincia. Está claro que hay otras cosas en juego. Puestas en esta nueva perspectiva que supone el ballotage, hasta podrían verse como secundarias (sin serlo). Una de ellas es la zona de riesgo en la que ingresa el supuesto cargo que Sapag tendría en un eventual gobierno de Scioli, si bien el neuquino siempre relativizó el tenor de sus aspiraciones. El gobernador, ayer, jugó la misma ficha: por coherencia, por necesidad, y se diría que hasta por fe en lo que podría venir, sostuvo su palabra.

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