Cyber Monday, el Ciberlunes

Escuchás: "¿Conseguiste buenos descuentos en el Cyber Monday o vas a esperar al Black Friday? Aprovechá, hay mucho 'off'". Los anglicismos no son responsables de las paperas, ni aumentan el tráfico en Neuquén. En sí mismos, no son un mal para nuestro idioma. Está el caso de "fútbol", que viene de football y se instaló con naturalidad, porque llegó a donde no había nada. Además, pagó peaje: se supo adaptar a la ortografía y a la morfología del español, y hoy decimos "futbolístico", "futbolero", "futbolista".

Son voces que tal vez se adapten al español en grafía y en fonética. Pero antes dejarán víctimas.

Sin embargo, nos invaden ahora anglicismos que tienen palabras equivalentes. Y así aplastan algunas ideas y vocablos que las representaban. Tal vez se adaptarán al español en grafía y fonética, pero no sin dejar antes algunas víctimas. Llamamos a alguien "friki" (del inglés freak) y olvidamos "chiflado", "extravagante", "raro", "estrafalario" o "excéntrico". Necesitamos un "password" y dejamos de lado "contraseña" y "clave". Olvidamos la genética castellana de "evento" (algo "eventual", que ocurre de improviso) y nos olvidamos de "acto", "actuación", "conferencia", "inauguración", "presentación", "festival", "seminario", "coloquio", "debate", "simposio", "convención". En los programas de tele sobre talentos nos presentan a un "coach", es decir, a un "preparador", "adiestrador", "profesor", "supervisor", "entrenador", "tutor", "instructor", "asesor", "formador". La riqueza de nuestro lenguaje depende de lo que decimos pero también de lo que dejamos de decir, y por tanto perdemos. El problema no es que lluevan anglicismos, sino que se rodeen de cadáveres. No seremos más inteligentes si decimos "candybar" o "wedding planner". No seamos una sociedad de esnobs.

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