El cura Rubén Capitanio, hombre de Dios y muy territorial, consideró con mucho tino que en el doble femicidio de Las Ovejas la Justicia tiene una cuota importante de responsabilidad. Pero lo dijo en términos mucho más duros: “Es gravísimo lo que pasó, espero que haya sido negligencia y no connivencia. Me cuesta pensar que sólo fue negligencia. En la Justicia o son muy idiotas o muy cómplices”.
Lo que no sabía el sacerdote, al igual que nosotros, es que Karina un mes antes había denunciado que Muñoz les había dicho a sus amigos que la iba a matar a ella y a Valentina en caso de terminar preso por haber abusada de la niña (nota página 28).
Ahora, cuando Capitanio se entere de esto, podrá brindar una nueva definición mucho más dura y categórica del sistema judicial.
Fieles a nuestro estilo, seguimos hurgando para tratar de entender y nos topamos con esta amenaza denunciada un mes antes por Karina, y la verdad, la lógica pierde de mano frente a la indignación.
La Justicia le hizo vivir a la joven mamá un calvario innecesario, pero ¿por qué? Seguramente por negligencia, burocracia y una pésima calidad profesional de empleados y funcionarios ausentes de la realidad.
Como un acto último de fe, debemos creer que el TSJ nos dará una respuesta ejemplar a modo de bálsamo pero esperemos que no sea una decisión salomónica en la que paguen justos por pecadores.
Hay algo de lo que no me cabe duda: el TSJ no pude ser indulgente y está obligado a dar una respuesta no sólo a la sociedad, sino también a las víctimas.
El desafío también lo tiene la Policía, que todavía no habla de las responsabilidades por las groseras falencias que tuvo.


