La visión de género entró por la puerta principal del edificio de la calle Felipe IV de Madrid que alberga a la Real Academia Española (RAE), que en la presentación de su vigesimotercera edición del Diccionario de la Lengua Española, entre los más de 3 mil cambios agregó la connotación negativa de la expresión sexo débil, aclarando que la frase contiene una “intención despectiva o discriminatoria”. Además, los académicos calificaron a “sexo fuerte” como una expresión “irónica”.
Utilizada por primera vez en 2003, la palabra posverdad también fue incluida por los académicos en la versión online del nuevo diccionario, definida como la “distorsión deliberada de una realidad” con el fin de influir en la opinión pública.
Luego del huracán de críticas que encabezó Sara Flores, una joven oriunda de la ciudad de Huelva que persistió en su campaña para que se modificara la expresión, usada por primera vez por el poeta y dramaturgo español del siglo XVIII Leandro Fernández de Moratín, las mujeres dejaron de ser el sexo débil en el diccionario de la RAE. La expresión siempre fue condenada por su espíritu patriarcal y de subordinación hacia la mujer por las organizaciones feministas.
La larga historia de las mentiras en la actividad política que termina en la posverdad es compleja. La clave de su incorporación fueron las políticas de Donald Trump. Sus detractores la utilizaron para referirse al magnate desde que arrancó su campaña hacia la presidencia de Estados Unidos.
En 2016, el término posverdad aumentó un dos mil por ciento el uso respecto del año anterior. Una palabra para definir el “mundo al revés” de la política.


