Detalles de una gran fuga

Mucho se escribió sobre la histórica y sangrienta fuga de la U9, pero hay detalles poco conocidos de aquel motín que terminó con el fusilamiento de ocho presos que fueron alcanzados en el paraje Zainuco.

En el libro Recuerdos territorianos, de Ángel Edelman, se rebelan apostillas muy curiosas, dentro del dramatismo que se vivió aquel 23 de mayo de 1916. Por ejemplo, cómo fue la primera reacción de las autoridades.

El gobernador Eduardo Elordi se encontraba descansando en su domicilio, debido a un fuerte resfrío que padecía. Enterado de la noticia, el mandatario se puso un abrigo y salió corriendo hacia el penal.

José Edelman (padre de Ángel) le aconsejó que no fuera, pero Elordi dijo que intentaría convencerlos de desistir con el motín. José lo acompañó.

Los dos hombres llegaron a la altura de la plaza ministro González, aprovechando un gran socavón que había dejado una lluvia reciente. Tendido en la tierra, Elordi les gritó a los presos que se rindieran. La respuesta fue una lluvia de balas. Uno de esos proyectiles impactó en el cuello de Edelman, con la fortuna de que la bala sólo le atravesó la garganta y no le produjo más daño que un agujero.

“¡Ríndanse!”, volvió a gritar Elordi. La respuesta fue otra balacera. Al ver que los primeros presos comenzaban a salir y que era imposible convencerlos, el gobernador decidió que lo mejor era la retirada.

En cuestión de minutos unos 80 presos armados salieron de la cárcel y comenzaron a caminar amenazantes por el centro de Neuquén. La fuga de la U9 ya estaba en marcha.

Cómo siguió el escape y el sangriento desenlace son historia ya conocida.

Algunos presos llegaron hasta el Limay, pero fueron apresados. Muchos se entregaron.

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