Lograr la foto con Daniel Scioli parece ser hoy la meta más anhelada para los kirchneristas. Incluso para el exiliado Ramón Rioseco, que se jactó de ser el “primer sciolista” neuquino a pesar de que hoy está confinado al linchamiento de aquellos “soldados del proyecto” que obedecen más al poder que a sus convicciones.
La llegada de Scioli a la región es aún una incógnita. Ayer, distintas fuentes nacionales advirtieron que iba a suspender su gira por el interior por estar abocado exclusivamente a caminar las tormentosas calles del “segundo cordón” del conurbano bonaerernse. Llámese el partido de La Matanza, donde están los verdaderos votos si quiere imponerse el 25 de octubre en primera vuelta.
Neuquén es una provincia rica, tiene calidad pero poca cantidad. Es que el exiguo 1,6% que muestra su padrón nacional no alcanza a seducir a los políticos. Como el rating televisivo, todos quieren números y van por ellos, si quieren ganar la batalla.
De todas maneras, hay excepciones. Antes de que Néstor Kirchner fuera presidente, arribó dos veces a Centenario, en 2002 y 2003, como si fuese un páramo olvidado. Seguramente desde La Corriente, su vertiente interna en el peronismo, ni se imaginaron un triunfo. Muchos recuerdan la visita del ignoto Kirchner (sólo algunos referentes del “peronismo revolucionario” lo tenían en cuenta) al gimnasio de la escuela parroquial primaria. Él terminó siendo presidente, aunque en lo local no alcanzó para que el MPN pierda el poder. Pero quienes estuvieron en ese acto, seguramente lo recordarán como parte de la historia y las anécdotas y muchos habrán guardado esa foto. Una foto por la que pelean con el imaginario de que sirve para dar vuelta una elección, aún incierta, más allá de las encuestas.


