El arte de la negociación

Doctor en Psicología, sexólogo clínico y escritor (www.stamateas.com.ar)La columna de Stamateas

En nuestro interior todos los seres humanos tenemos la habilidad para la negociación. Ser capaz de negociar es fundamental para crecer y avanzar en la vida. Sin darnos cuenta, negociamos todo el tiempo. Por ejemplo, cuando pedimos una rebaja, cuando debatimos algún tema con familiares o amigos, cuando discutimos en la pareja por alguna cuestión. En todos los casos, necesitamos alcanzar un acuerdo.

Desde que nos despertamos hasta que nos vamos a dormir, estamos involucrados en algún tipo de negociación. Pero para negociar eficazmente con otros, primero debemos aprender a negociar con nosotros mismos. ¿En qué consiste negociar con uno mismo? En hacernos algunas de estas preguntas:

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-¿Qué quiero yo?

-¿Me merezco conseguir esto?

-¿Por qué estoy haciendo esto?

Quien no tiene la creencia de que merece algo mejor nunca podrá ir a pedir un puesto más alto con un sueldo mejor. Tampoco pedirá que los demás lo respeten, ya sea que se trate de conocidos o desconocidos. Por eso, el primer paso para la negociación con alguien más es la negociación con uno mismo. Yo debo saber con claridad qué deseo, qué merezco y adónde pretendo llegar. Esto nos permite negociar con inteligencia conociendo en qué vamos a ceder y en qué no vamos a hacer concesiones.

Podríamos definir el término negociar como el arte de aprender a utilizar el poder, los recursos y el conocimiento que poseemos para llegar a ver nuestras metas convertidas en realidad. Recordá esto:

En la vida no llega el mejor, sino aquel que negocia mejor.

Para negociar, es preciso hacerlo no sólo con sabiduría sino además con paz. Este último ingrediente nos permite mantener una atmósfera positiva. En cualquier ámbito, es imposible llegar a un acuerdo que contente a todas las partes sin calma y dominio propio. El momento más riesgoso de un viaje en avión es el aterrizaje. Siempre los momentos más complicados son cuando estamos por llegar a destino y es ahí, casi al final, donde nos urge conservar la paz.

¿Qué caracteriza a un buen negociador?

-Piensa y espera siempre lo mejor. Sabe que lo mejor siempre está por venir.

-Habla palabras de validación que construyen su propia estima y la de los demás.

-Donde va, crea un buen clima.

-Es consciente de que negociar no se trata de ganar-perder sino de ganar-ganar porque todos deben salir beneficiados.

-Es requerido para liderar y administrar negocios, empresas, proyectos y aun puestos gubernamentales.

-Atrae a la gente más maravillosa sobre la faz de la tierra porque su vida es como un imán.

Para concluir, cuando aprendemos a negociar con nosotros y con otros, ocupemos el lugar que ocupemos y aun en el anonimato, dejamos huellas para las futuras generaciones. Disfrutamos de prosperidad (que no es lo mismo que riqueza) y nos movemos en el lugar donde las cosas suceden porque logramos desarrollar una mentalidad enfocada y de propósito. Dejamos de lado todo aquello que no nos aporta nada valioso para perseguir nuestro más grande tesoro: nuestros sueños.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a bernardoresponde@gmail.com

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