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La Mañana

El creador del realismo mágico

Buenos Aires (Gabriela Mayer, dpa) > "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo". La frase inicial de "Cien años de soledad" y los centenares de páginas que le siguen recorrieron el mundo en más de 40 lenguas.
Y es que, sin proponérselo, Gabriel García Márquez rompió la tradición de un continente poco acostumbrado a contar con escritores de éxito.
El Premio Nobel de Literatura 1982, dueño de una extensa carrera literaria y una profesión que tampoco abandonó jamás, la del periodismo, lo definió así: "Los lectores de 'Cien años de soledad' son hoy una comunidad que, si viviera en un mismo pedazo de tierra, sería uno de los 20 países más poblados del mundo". No casualmente algunos estudiosos consideran esta novela como la de mayor difusión e influencia de la literatura hispanoamericana.
La saga de la familia Buendía en el pueblo de Macondo le dio reconocimiento internacional al novelista y narrador nacido en Aracataca en 1927, a la vez que se convertía en gran obra paradigmática del realismo mágico.
Pero esto no fue un hecho aislado: mientras el acontecer político del continente atraía las miradas desde los rincones más remotos, la segunda mitad del siglo XX fue testigo privilegiado de la salida de la novela latinoamericana a la palestra mundial.
A partir de los años 60, las creaciones de García Márquez y también las del mexicano Carlos Fuentes y del peruano Mario Vargas Llosa recorrieron latitudes lejanas, que descubrían así las historias del continente. Este fenómeno permitió que también otros escritores latinoamericanos con obra anterior recibieran notoriedad internacional.
"Cien años de soledad" es una obra inspirada en los habitantes de la Aracataca natal de Gabo, con presencia de lo maravilloso y lo sobrenatural, se convirtió rápidamente en un éxito de ventas. Entre las interpretaciones propuestas para la novela, se apuntó a una gran metáfora en la cual se esconden Colombia y América Latina.
La narrativa del Premio Nobel 1982, que ha transitado entre la crónica y la ficción, constituye en sí misma un fenómeno de masividad inusitado. El autor de "El otoño del patriarca" despertó la admiración por todo el planeta gracias a su personalísima mezcla de realidad y fantasía y su estilo solventado por los ricos aportes de la tradición oral.
Al recibir el Nobel en 1982, Gabo manifestó: "Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de las Letras".
Y concluyó señalando "una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual este colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte".