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El estremecedor crimen del hombre sin rostro

Tras una tarde noche de mucho alcohol, lo atacaron sexualmente, lo asesinaron y lo despostaron en el parque Perito Moreno de Plaza Huincul. Solo uno de los asesinos fue preso, el otro se fugó y nunca cumplió condena.

Una juntada casual, una comida rápida, mucho alcohol y un desenlace salvaje con un crimen atroz que todavía está en la memoria de los habitantes de Plaza Huincul.

El crimen del hombre sin rostro, Marcelo Eduardo Bima, ocurrió entre la noche del 13 de diciembre de 2005 y la madrugada siguiente.

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El escenario fue combinado: una reunión en una casa de las 262 Viviendas que terminó en el parque Perito Moreno de Plaza Huincul donde violaron, mataron, desollaron y evisceraron el cuerpo de Bima.

Los asesinos fueron Matías Poblete (18) y Julián Ortega (17). Solo Poblete pagó por el crimen. Ortega, que era oriundo de Misiones, se fugó, tuvo pedido de captura en Interpol, pero nunca cumplió condena de acuerdo a la información confiada por la Justicia y el servicio penitenciario.

La historia

Marcelo Bima tenía 42 años, provenía de una familia acomodada y reconocida de Villa Regina. Su adicción al alcohol le había acarreado problemas laborales y familiares, prácticamente había sido desterrado de la localidad valletana.

La noticia del crimen no sorprendió a sus allegados. “Me imaginaba que iba a terminar así”, le dijo un familiar directo a uno de los investigadores del caso en ese entonces.

Bima era un alcohólico crónico. Anduvo dando tumbos por la región hasta que llegó a trabajar a Plaza Huincul de la mano de un conocido que lo metió como albañil en una obra en construcción en la localidad.

El 13 de diciembre Bima fue a trabajar y, mientras lo hacía, tomaba vino, según declaró en juicio un compañero de la obra.

Al salir del trabajo, a las 18:50, se tomó un colectivo para ir a la casa y se bajó en la esquina de Avenida Schreiber y Mendoza, en las denominadas 262 Viviendas.

Allí, se acercó a pedir fuego a un grupo de jóvenes y les ofreció tomar algo. Entre ellos estaban Poblete, que trabajaba como barrendero en la municipalidad, y Ortega, que había venido de Misiones a trabajar en un taller mecánico y vivía con su hermana, que trabajaba en un cabaret de la comarca.

Los dos jóvenes aceptaron la invitación, por lo que Bima fue hasta el almacén Las Tres A y compró vino, pan y paté. De ahí se fueron a la casa de un amigo de los jóvenes ahí mismo, en las 262 Viviendas.

Durante todo el rato que estuvieron, hasta la medianoche, charlaron, comieron pan con paté y tomaron vino; incluso, cuando se acabó la bebida, fueron por más.

Para cuando llegó el dueño de casa, Bima estaba totalmente borracho y les pedía por favor que lo dejaran quedarse a dormir porque no podía ponerse en pie.

El propietario se negó porque no sabía ni quién era el borracho que tenía en la casa. Incluso, hubo una fuerte discusión con los jóvenes para que lo echaran.

Caminata mortal

De mala gana, Poblete y Ortega se ofrecieron a acompañar a Bima, que vivía pasando el parque Perito Moreno.

Fue así que emprendieron la caminata por la Avenida Schreiber, acarreando a Bima, que apenas podía suceder sus pasos, que tropezaban una y otra vez.

El lento avance los encontró tipo 1 de la madrugada del 14 de diciembre en la zona de la arboleda del popular parque.

En ese lugar fue que Ortega comenzó a manosear a Bima con intenciones de tener una relación sexual, pero el hombre se resistió como pudo, pese a su estado, y Poblete le aplicó un par de golpes que lo dejaron en el suelo, donde luego lo pateó.

A esa altura, Bima no podía ofrecer ningún tipo de resistencia, solo era un cuerpo desvanecido entre el pasto y la tierra. Lo que siguió fue una salvajada. Lo violaron, lo asesinaron y a cuchillo le desollaron la cabeza y le vaciaron el tórax.

“Le hicieron un corte en la frente y le bajaron toda la piel del rostro hasta el pecho, y la parte del cuero cabelludo se la bajaron hasta la espalda”, contó a LMN una fuente judicial que trabajó en el caso. “El hombre quedó literalmente sin rostro, irreconocible”, agregó la fuente.

Pero eso no fue todo, en el tórax le hicieron un corte profundo por el cual lo abrieron y le sacaron las vísceras, para luego arrojarlo desnudo a un canal de riego en la zona de la arboleda.

El cuerpo fue encontrado tras un llamado a la Policía. Al ver el cadáver, los uniformados sospecharon que podía tratarse de un borracho asesinado por una jauría de perros.

De hecho, durante el juicio que se desarrolló en septiembre de 2006, los agentes que trabajaron en el lugar observaron un grupo de 5 a 7 perros a unos 70 metros del cadáver.

La autopsia

Una vez más, los forenses fueron claves para establecer qué le había ocurrido a Bima y cómo había quedado el cuerpo en ese estado.

Con palabras muy crudas, la autopsia explica que el hombre fue abusado sexualmente en vida, “el despostamiento se hizo sobre el cadáver, es decir, cuando la víctima estaba fallecida”.

El informe deja en claro que la muerte se produjo producto de un corte en la arteria mesentérica superior, que se encarga de irrigar sangre a los órganos abdominales. Esto provocó que se desangrara y muriera en cuestión de minutos.

Ya muerto, devino el desollamiento y la evisceración. “Destrucción total de la anatomía facial, cuello y parte del tórax, con trazo cortante en forma de herradura invertida”, explicó el médico forense, que detalló: “Este corte se produjo con un elemento cortante y filoso. Se cortó primero el tórax, lugar donde faltan todos los órganos y la parte vascular. Solo se encontraba el hueso de la columna, faltando todo el arco costal”.

Además, los profesionales establecieron que sobre el cuerpo no hubo acción de animales, ya que estos suelen dejar marcas de desgarro. De hecho, se encontraron cortes planos, es decir, realizados a cuchillo y por la mano de alguien que sabe y mucho de su manejo.

Respecto del destino de los órganos, se presumió que los autores los podrían haber tirado a los perros para que se los comieran, porque nunca los encontraron.

Comisaría Sexta de Plaza Huincul.

Destruir evidencias

Tras el crimen, Poblete y Ortega le cortaron las uñas de las manos a Bima y quemaron parte de la ropa a unos pocos metros del lugar, para deshacerse de evidencia que los pudiera incriminar.

Los investigadores recuperaron de las cenizas el cierre del pantalón y los botones de la campera de la víctima. En un charco encontraron el cinturón del hombre y en el tanque de agua de una casa de la zona dieron con el calzado, que eran unos borcegos en mal estado.

Durante el juicio, los testigos contaron que, tras el crimen, Poblete fue hasta la casa de un amigo a las 3 de la madrugada y le pidió un cigarrillo y fuego, mientras que Ortega llegó a su casa y quemó en la hornalla de la cocina la remera que tenía llena de sangre y luego se bañó y cambió.

Otro testigo clave reveló que al llegar a la casa de Ortega le dijeron: “Matamos a un chabón al que vos conocés, el viejo que estuvo tomando con nosotros”.

Lo cierto es que la Policía, tras 48 horas de investigación y el testimonio clave de una vecina que vio a los autores por la ventana de su casa, logró detener tanto a Poblete como a Ortega, que era menor de edad por tan solo un par de meses.

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Condena y fuga

La fiscalía acusó a Poblete por homicidio agravado por ensañamiento y alevosía, pero el tribunal lo terminó condenando por homicidio simple a 20 años de prisión.

La misma pena iba a recaer en Ortega, pero se fugó. La fiscalía solicitó la captura internacional a Interpol, ya que los investigadores neuquinos tenían el dato de que había regresado a Misiones, desde donde cruzó a Paraguay o Uruguay.

Pese al operativo de búsqueda, nunca se logró que cumpliera la condena por el aberrante crimen de Bima.

Quien sí cumple condena en la actualidad es Poblete, que está alojado en la cárcel de Cutral Co.

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