El fútbol de las sospechas

La historia y presente de AFA no ayudan, siempre del lado de los poderosos, de los favores a cobrar en el futuro.

El gesto fanfarrón de Juan Carlos Crespi al salir de la reunión clave en los vestuarios del estadio de Gimnasia no ayudó. Las cambiantes declaraciones del árbitro Facundo Tello en apenas unos minutos, tampoco.

Como no ayudan la historia y el presente de la AFA, siempre del lado de los poderosos, amiga de las operaciones, de los favores a cobrar a futuro, de la corrupción como bandera. Se fue Don Julio, pero muchos códigos se sostienen.

Aunque, sobretodo, se sostiene esa sospecha permanente del futbolero, que ve fantasmas en cada rincón de las canchas y los despachos. Los de las bolas frías en los sorteos, los de los arbitrajes y fixtures arreglados, los de los equipos que van para atrás para voltear a un técnico o perjudicar a un tercero, los de los equipos que van para adelante por las valijas cargadas de dólares.

La muerte de Grondona cambió poco y nada. Y la cúpula dirigencial cargada de hombres de Boca llevó a instalar el término “AFA bostera”. Chiqui Tapia, el nuevo capo, ni cargo se hace. Y mientras le llueven críticas, le festeja el cumpleaños a su amigo Tevez o brinda con copas con el escudo xeneize, como si eso no ayudara a acrecentar las sospechas.

De un lado dirán que la cancha estaba imposible. Que el resto de los partidos en provincia de Buenos Aires también se suspendieron. Que no jugó Racing, que River tuvo descanso habían postergado su partido por el viaje de su rival, Estudiantes, a Perú.

Del otro dirán que Angelici digita todo en las sombras, que Tapia le da el gusto, que Boca manda en el fútbol local porque lo ayudan los dirigentes y los árbitros. Mañana, cuando el viento favorezca a otro grande, cambiarán los motivos pero seguirán las sospechas. Porque así vivimos. Dentro y fuera de la cancha.

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