El futuro en emergencia

Dos décadas de conflicto dejaron casi siempre en segundo plano el debate sobre el sistema educativo.

La educación neuquina no es una isla en el contexto nacional. En parte por eso también está en crisis. Es decir, la educación en un sentido profundo. No la proliferación o ausencia de edificios escolares, parte de lo más solucionable de todo el asunto, si fuera el caso.

El debate salarial, legítimo, le gana por amplia ventaja a la discusión de fondo. El contexto se impone: la escalada de precios golpea los flacos sueldos de la mayoría de los maestros. Esos salarios (algún punto más acaso), a la vez, son los que puede pagar el Estado si aspira a no fundirse.

Las tensiones puertas adentro de los gremios y los partidos de gobierno aportan lo suyo a todo el conjunto. Esa, en buena medida, es la historia de los últimos 20 años de la educación provincial. En ese lapso, esta provincia, una de las más ricas del país, una de las más diversas, no logró retener a los seis pibes de cada diez que quedan en el camino en la secundaria. Es un calco del resto del país que alude a una postergada resolución estructural que les dé una mano a esos chicos.

Está el lugar común (y cierto) de la escuela como caja de resonancia de lo que sucede a nivel social. Es insoslayable, crudamente lineal, como el hecho de que no haya habido chance de obrar una puesta al día sustancial de contenidos. Hoy muchos estudiantes parecen hablar un idioma diferente al de quien tienen en frente en un aula, por más que eso sea parte de lo mejor que pueda ocurrirles.

Hay una emergencia salarial, política, educativa, que cruza a esa institución crucial que es la escuela. El camino de las soluciones es el del largo plazo, algo que requiere de una toma de conciencia. Conciencia de que algún día se debe comenzar: que la escuela esté en emergencia implica que el futuro comience a estarlo.

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