El granizo, el llanto y la pera

Sobre llovido, ahora cayó granizo. La metáfora se vincula más bien con la realidad que hoy viven los pequeños productores de la región, y la tormenta de ayer parece que no les dio respiro. Las aguas están divididas porque el moderado optimismo que tienen algunos luego de la mejora de la competitividad (devaluación o salida del tipo de cambio) podría disolverse por un fenómeno meteorológico. Los exportadores estaban pidiendo al gobierno de Mauricio Macri un aumento en el dólar y lo consiguieron, pero en desmedro de otro sector. Los pequeños chacareros, en cambio, tienen otra realidad. No sólo pelean contra el mal clima, sino también contra los altos costos laborales y la falta de perspectivas. Una tormenta como la de ayer (más allá de que en Neuquén hay un seguro contra granizo) puede echarles por tierra las expectativas de mejorar esta temporada. La situación es más grave para los productores de Cipolletti y el Alto Valle de Río Negro. Es que todavía no comenzó la cosecha de la pera Williams -la vedette de las góndolas europeas- y el granizo se sumó a la serie de conflictos a resolver a corto plazo. El primer problema es la falta de un horizonte de precios que permita una mejor liquidación de la fruta. Y el segundo, cómo sortear un conflicto laboral por los cosechadores, que podrían empañar los "aires de cambio" que plantea este nuevo gobierno para los fruticultores. Como siempre, el hilo se cortará por lo más delgado. Quien no tenga la espalda económica para sostener el costo inicial de la cosecha va a estar complicado para afrontar los nuevos costos salariales, en un esquema donde las charcas de los pequeños tienen graves problemas sanitarios. Y el dilema se discutirá en pocos días más.

La fruticultura tiene varios problemas a enfrentar en enero, y la caída de granizo es un balde de agua al optimismo.

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