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La Mañana

El grito desde el interior

Cada semana parece ser peor que la anterior. No alcanzamos a levantarnos del golpe que nos provocó que un policía de Piedra del Águila ejecutara a su propia hija y se suicidara luego de no haber aceptado una separación, que otro aberrante femicidio ocurre de nuevo para mostrarnos con demasiada fatalidad que la violencia extrema contra las mujeres no disminuye ni cesa. Al menos no en nuestra provincia. El domingo, el cachetazo fue de frente: un hombre apuñaló a su ex mujer, con la que vivió 17 años y con la que tuvo tres hijos. Ninguno de los casos ocurrieron allá lejos, en Buenos Aires, donde siempre nos dijeron que el infierno tenía sede. No. Estamos hablando de Neuquén, una provincia atravesada desde hace tiempo por el flagelo de la violencia de género y los femicidios.

Piedra del Águila y San Martín de los Andes fueron los recientes escenarios. Pero Senillosa, Vista Alegre, la propia capital, todas las localidades forman parte de la triste estadística que solo circula a ciencia cierta cuando desde Nación solicitan que se eleven los informes.

Y en este punto me detengo a pensar: ¿Qué recursos tienen las mujeres del interior para pedir ayuda? ¿Quiénes las protegen? ¿A dónde recurren?

Hasta el cansancio repetimos una línea de teléfono para que las víctimas denuncien, pero acá aparece otro el problema: cómo poder articular lo que dispone como medida preventiva la Justicia de Familia con la sanción que le corresponde desde el fuero penal a aquel que la incumple.

Laura Painefilu había denunciado violencia de género el mes pasado. Algo en la cadena institucional evidentemente falló. Hoy está muerta.

¿Qué recursos tienen las mujeres del interior para pedir ayuda? ¿A dónde deben recurrir?