Nunca falta una persona que por primera vez se aloja en una habitación con minibar, y al entrar se encuentra con golosinas y bebidas varias; y tras la emoción que implica llegar a un sitio que no conocemos se lanza sobre la heladera a beber una gaseosa mirando la televisión y hablando por teléfono; sin percatarse que no pagó por su bebida, y seamos sinceros, ya no regalan nada en los hoteles.
Hay otro tipos de viajeros, que conocen la verdadera finalidad del minibar, por esto llevan sus propias bebidas y aprovechan la pequeña heladera para guardar restos de algún sándwich.
El tema de los precios del minibar es una cuestión aparte. En los hoteles de lujo ofrecen servicios caros, y es lógico. Pero, hay hoteles de tres estrellas que cobran una fortuna cualquier bebida o chocolate del minibar.
Y el último día, justo en el momento que llegamos a la recepción del hotel para entregar la llave de la habitación, viene la gran pregunta ¿Consumió algo del minibar? ¡Ups! ¿No era de cortesía? Y no falta oportunidad en que la señora abre su cartera y comienza a sacar una latita de gaseosa, una botella miniatura de whisky y otra de Fernet, y las entrega con una mezcla de vergüenza y decepción. Y ante tal pregunta no se puede mentir, porque mientras nosotros íbamos de la habitación al lobby, una mucama corría para ver si habíamos consumido algo del minibar.
Espero que les haya quedado claro que el minibar es un anexo moderno y endiablado al que es mejor ¡no acercarse!


