Santino tiene 16 años y fue elegido entre más de 400 postulantes de todo el país para estudiar dos años en India como parte del programa United World Colleges.
AA los 16 años, con ganas de aprender y una curiosidad que siempre traspasó los límites del aula, Santino se animó a postularse para ser parte del programa United World Colleges (UWC). Hoy es uno de los ocho jóvenes seleccionados en toda Argentina para participar y en agosto viajará a India donde estudiará por dos años.
Santino Moyano es de Plottier y cursa cuarto año en el Colegio Manuel Belgrano de Neuquén. Fuera del colegio, le apasiona el teatro, algo que según él le abrió la cabeza y lo ayudó a relacionarse con los demás. Este año tuvo que pausarlo porque cerró el taller donde iba, pero es algo que no piensa soltar.
Aunque todavía es joven, tiene claro hacia dónde quiere ir profesionalmente: le interesa el área de la comunicación, estar en contacto con personas y escuchar sus historias. Algo que, curiosamente, es exactamente lo que está a punto de vivir.
Cómo conoció el programa
Todo empezó en 2024, cuando una chica llamada Giuliana fue al colegio Belgrano a contar su experiencia en Gales como parte del programa UWC. Santino estaba entre el público. "Cuando me enteré que existía la posibilidad de que jóvenes argentinos pudieran desarrollar su pensamiento crítico y formar parte de una comunidad de ciudadanos de todo el mundo, quedé enganchado", recuerda.
UWC es una organización educativa internacional con colegios en más de 18 países. Lo que la hace diferente es su enfoque: no buscan al estudiante con el mejor promedio ni al deportista destacado. Lo que valoran es el entusiasmo, las ganas de hacer algo distinto y el compromiso con valores como la paz, la sustentabilidad y la resolución de conflictos.
Desde chico, dice, sintió curiosidad por desafiar los límites del aprendizaje. Y también cierta frustración cuando esos límites aparecían en el aula tradicional. La propuesta de UWC parecía, justamente, ir en sentido contrario: esperó hasta tener la edad mínima y el año pasado se anotó en la convocatoria 2026, sin saber que pasaría pero con la certeza de que no perdía nada intentándolo.
El proceso de selección
El proceso de selección es extenso e incluye distintas instancias eliminatorias: actividades presenciales, evaluaciones virtuales y hasta un campamento nacional en el que conviven postulantes de todo el país. La última etapa es una entrevista que incluye también a los padres.
Aunque más de 400 jóvenes argentinos iniciaron el camino, solo ocho llegaron al final. Santino fue uno de ellos.
"Al principio fue un shock", recuerda sobre el momento en que recibió la noticia, durante las vacaciones de verano. La confirmación llegó junto con otro dato inesperado: su destino sería India, un país que hasta entonces no figuraba en sus planes.
Pero rápido apareció un factor que lo hizo sentir acompañado: Augusto, un chico de San Martín, Mendoza, también iría al mismo colegio. Desde entonces están en contacto, coordinando qué llevar y cómo prepararse. "Está bueno poder irme con alguien", dice Santino. "Por lo menos ya te vas conociendo a alguien, no es llegar solo".
India, un destino impensado
El colegio al que asistirán es el Mahindra College, conocido cariñosamente como MUWCI, ubicado en Pune, a unos 160 kilómetros de Mumbai.
El campus, rodeado de naturaleza, funciona casi como una pequeña comunidad: los estudiantes viven allí, van a clases todos los días y a la tarde hacen actividades extracurriculares que forman parte del programa.
Lejos de ser un obstáculo, la sorpresa inicial se fue transformando en entusiasmo cuando supo que la escuela tiene una fuerte orientación artística, con espacios dedicados al teatro y al cine, dos áreas que conectan directamente con sus intereses.
El título que se obtiene es el Bachillerato Internacional, que si bien no está reconocido formalmente en Argentina, sí es aceptado por algunas universidades como la UBA. Por eso Santino está apurando cuarto año ahora, para tener el secundario argentino terminado o casi listo antes de viajar.
Vivir y aprender en comunidad
La experiencia UWC no se limita a lo académico ya que el programa pone énfasis en otras dimensiones: la creatividad, la actividad física y el servicio comunitario.
Los estudiantes conviven en casas compartidas, de a ocho, con compañeros de distintas partes del mundo. Las jornadas combinan clases con actividades que buscan desarrollar habilidades sociales, compromiso y pensamiento crítico.
"Lo más importante es poder escuchar otras perspectivas", explica Santino. Esa idea aparece una y otra vez en su relato: la posibilidad de debatir, de encontrarse con opiniones opuestas, de construir una mirada más compleja.
Se imagina discutiendo problemáticas sociales con personas que las vivieron en contextos completamente distintos al suyo y nutriéndose de esos intercambios "Es esencial para mí poder aprender lo más que pueda de todas las culturas con las que voy a interactuar allí e incluirlas en mis propias ideas", cuenta.
Lo que lleva y lo que deja
Detrás de la decisión de irse también está su familia. Santino es hijo único y vive con sus padres. En su casa la noticia de la selección se recibió con orgullo y alegría, pero también con un inevitable impacto emocional.
"Somos muy unidos, así que es fuerte", reconoce. Sus papás lo alentaron desde el principio, lo impulsaron a investigar, a anotarse, a intentar. Pero eso no quita que la idea de separarse durante dos años pese.
Ahora que agosto se acerca, las emociones aparecen con más frecuencia. "Estamos todos un poco sensibles", admite. Y no es solo con sus padres: los abuelos también sienten la proximidad de la partida. Aun así, el apoyo es total. "Somos un núcleo, adonde va uno, el resto acompaña", dice.
Irse también implica dejar cosas atrás. Amigos, rutinas, lugares conocidos. Y pequeñas costumbres que, recién cuando se piensa en la distancia, adquieren otro valor. Santino no duda cuando le preguntan qué va a extrañar: el mate. Se ríe, pero lo dice en serio. Sabe que podrá llevarlo, aunque probablemente tenga que administrarlo con cuidado.
Más allá de lo material, hay algo más difícil de trasladar: ese sentido de pertenencia que tiene Argentina. "A pesar de que seamos tan distintos, a pesar de que nos dividen cuestiones económicas, religiosas o políticas, uno se siente en casa cuando está acá", dice.
Esa identidad también viaja con él y espera poder compartirla. "No es que dejo atrás mi vida en Argentina. Simplemente va a seguir pasando, solo que yo no voy a estar". Y aunque la distancia es real, la tecnología ayuda a achicarla: espera poder hablar con su familia a diario y mantenerse conectado con todo lo que deja acá.
Una experiencia que quiere multiplicarse
Desde que fue seleccionado, Santino y el resto de los jóvenes elegidos empezaron a moverse para difundir la oportunidad. Dan charlas en colegios, participan en medios y buscan que más estudiantes conozcan el programa. "Nosotros nos enteramos medio de casualidad", explica. Por eso, ahora intentan que la información llegue a más lugares.
La próxima convocatoria abre el 15 de mayo y está dirigida a jóvenes de entre 15 y 17 años que sean argentinos o residan en el país hace más de tres años. Pero hay algo que, insiste, pesa más que cualquier condición formal. "No buscan al mejor promedio ni al mejor deportista. Buscan ganas", resume.
Para quienes quieran saber más o anotarse en la próxima convocatoria, la información está disponible en la página oficial de UWC y las consultas pueden enviarse a [email protected].
Mientras la fecha de partida se acerca, Santino tiene claro qué espera de lo que viene, aunque prefiere no adelantarse demasiado. A miles de kilómetros de Plottier, en un campus rodeado de naturaleza, se prepara para una experiencia que finalmente desafiará sus límites como siempre quiso.
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