El viento de siempre

Si Carlos Bouquet Roldán hubiera evaluado que el tema del viento era un problema, no hubiese fundado la capital de Neuquén en la zona de la Confluencia. Lo corroboró ese mismo 12 de septiembre durante el acto de festejos cuando se desató un vendaval increíble.

Siempre sopló el viento del oeste. Y el pueblito creció y salió adelante porque había más voluntad y ganas de desarrollo que de preocuparse frente a estos fenómenos tan típicos de la Patagonia. Por eso tampoco se consideró que el viento fuera un impedimento para fundar la Universidad de Neuquén, en Challacó, paraje castigado eternamente por las ráfagas del oeste.

Indudablemente algo pasó después de tantos años. Pese a que la ciudad quedó más protegida frente a la proliferación de edificios y que la calidad de las construcciones son muy superiores a aquellos primeros ranchos, el tema del viento se convirtió en un fenómeno que genera un temor incomprensible capaz de paralizar las instituciones. Ayer fue el caso. Bastó para que se anunciara la posibilidad de un fuerte viento del oeste para que el rectorado de la UNCo emitiera un comunicado dándoles libertad a las facultades para suspender las clases. La velocidad del viento en la capital tuvo una constante de unos 45 kilómetros por hora con algunas ráfagas un poco más fuertes. A las 18:30 no llegaban a los 25. Fue algo molesto. Nada más.

A veces los anuncios climáticos, alimentados por las redes sociales, generan este tipo de acciones que podrían entenderse como lógicas en la opinión pública, pero no en un lugar donde debería imponerse el conocimiento al sentido común, como en la universidad.

Vale la pena recordar que vivimos en la Patagonia. Y sabemos que en este rincón del país siempre (pero siempre) va a soplar viento.

Muchas veces los anuncios sobre el clima son alimentados y agrandados por las redes sociales.

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