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"Es un desgarro constante no volver a ver a tus amigos"

Lo afirmó Nora Rivera, quien en junio de 1976 fue detenida en Cinco Saltos y luego trasladada al centro clandestino de Bahía Blanca.

“El país era un gran cuartel, prolijo, ordenado, reprimido; yo tuve la sensación de que vivimos en una gran oscuridad. Los que habíamos estado presos y las familias que tenían algún familiar desaparecido éramos como los leprosos de la antigüedad, cuando nos veían venir se cambiaban de vereda”. Así describió Nora Rivera ante los jueces del Tribunal Oral Federal 1 de Neuquén, los años después de haber sido detenida ilegalmente el 12 de junio de 1976 por efectivos de la policía de Río Negro.

Rivera declaró ayer en el séptimo juicio por delitos de lesa humanidad que se desarrolla en esta ciudad en la que están imputados 15 ex jefes militares y de fuerzas de seguridad nacionales y provinciales en perjuicio de veinte víctimas de las cuales nueve permanecen desaparecidas.

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Rivera contó que fue detenida en la casa de una amiga en Cinco Saltos y llevada a la U9 de Neuquén y posteriormente trasladada en avión al centro clandestino de detención “La Escuelita” de Bahia Blanca. En el momento en que fue detenida, Rivera estudiaba la carrera de Servicio Social en la Universidad del Comahue y trabajaba en el área de Acción Social de la municipalidad de Cinco Saltos.

Señaló que en la universidad “en 1976 todo había cambiado, en 1975 había venido Remus Tetu (interventos) y despidió a profesores y no docentes, había cambiado los planes de estudio”. Precisó que en junio de 1976 comenzaron las detenciones de estudiantes en la universidad. “Primero se llevaron a Cecilia Vecchi, después a estudiantes y a Susana Mujica y muchos estudiantes no iban a cursar por miedo a que los detuvieran”.

Detalló que en la comisaría de Cinco Saltos fue interrogada por el comisario Desiderio Penchulef, imputado en este juicio. “Me preguntaba si conocía o sabía dónde estaba Cecilia Vecchi y le respondí que él sabía que había sido detenida. En ese momento me dice que estoy detenida por orden del Ejército”, relató.

Precisó que ingresó de manera legal a la U9 de Neuquén. “Aniceto Huenchul me puso en una celda incomunicada. Estuve desde el sábado hasta el martes y cuando se abren las celdas veo que estaban Élida Sifuentes, Gladis Sepúlveda y Jorge Asenjo”. Agregó que “el 15 de junio nos hicieron firmar la libertad y nos devolvieron los documentos, pero cuando salíamos el ejército nos quitó los documentos de nuevo, nos meten en un celular y nos lleva hasta el aeropuerto, nos vendan y nos cargan en el avión vendados. Nos dijeron que nos llevaban a Tucumán”. Sin embargo, los detenidos fueron trasladados en avión al centro clandestino de detención “La Escuelita” en Bahía Blanca.

Rivera aseguró que en “La Escuelita” de Bahía Blanca pudo escuchar a Susana Mujica y Mirta Tronelli, quienes permanecen desaparecidas. “Después nos separaron, a mí me dejaron atada a un palo” y desde ese lugar “sentí que se llevaban a Jorge Asenjo”. “También escuché hablar a Susana Mujica y a Mirta Tronelli, a ella le dijeron que la iban a largar en el ´78”.

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(Foto: Agustín Martínez)

(Foto: Agustín Martínez)

Describió que en un momento la llevaron a un lugar, le sacaron la venda de los ojos, la sentaron en un catre de metal. “Me dijeron que si no decía la verdad me iban a poner la picana donde yo sabía”. Dijo que luego le volvieron a tapar los ojos y comenzaron a interrogarla. Precisó que sus captores le dijeron “que si se enteraban de que había mentido iban a venir a Cinco Saltos, me iban a tirar con una piedra atada al cogote al medio del Lago Pellegrini e iban a matar a mis sobrinas y a toda mi familia”.

Rivera fue liberada el 18 de junio de 1976 junto con otros detenidos en una ruta que une Viedma con Buratovich. Fue trasladada a la comisaría de Médanos donde se encontró con Darío Altomaro, quien también había sido secuestrado en la ciudad de Neuquén.

Durante su testimonio, Rivera exhibió un documento “que guardé pacientemente durante 45 años”, el cual solicitó para certificar su detención y así evitar que la despidan de su trabajo en la municipalidad de Cinco Saltos. El documento fue firmado y entregado a Rivera del ex jefe de Personal del Comando de Brigada, Luis Alberto Farías Barrera, donde consta que permaneció detenida a disposición del Ejército entre el 12 y 20 de junio de 1976.

“Vivir la experiencia de estar en un lugar donde no sabíamos, ni nuestras familias sabían, solamente los que decidían en ese lugar sabían, genera en el cuerpo una sensación de que es una irrealidad muy difícil de manejar, de que uno está más vivo que muerto, aunque no sepa si va a salir de ese lugar”, expresó. Y agregó que “esa modalidad de terrorismo te debilita muchísimo, la sensación de no saber dónde se está, de estar suspendido en el espacio; eso queda impregnado en el cuerpo”.

Sobre sus amigas desaparecidas, Rivera afirmó que “dejar de ver a tus amigos y no volver a verlos nunca más y no saber qué pasó con ellos es un desgarro que siempre va a estar presente”.

“Le dijeron a mi papá que no la buscaran más, que la habían tirado al mar”

“Cuando mi hermana desapareció, mi padre inició una incansable búsqueda por todo el país hasta que un día alguien lo llamó y le dijo que no la busquen más, que la habían matado y tirado al mar”, dijo Silvia Tronelli, hermana de Mirta Tronelli, detenida el 11 de junio de 1976 en Barda del Medio, provincia de Río Negro, quien permanece desaparecida.

En el momento de su detención por un grupo de tareas, Tronelli estudiaba Servicio Social en la Universidad del Comahue y trabajaba como docente en una escuela de Sargento Vidal y en el área de Turismo Social de Neuquén de donde la secuestraron.

Silvia contó que su hermana fue secuestrada dos días después que su amiga Cecilia Vecchi. Incluso Mirta Tronelli había acompañado a los padres de Cecilia a la sede de la Policía Federal y en el Comando del Ejército para saber sobre el paradero de su amiga.

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Silvia Tronelli declaró ante los jueces del tribunal mostrando la foto de su hermana Mirta, desaparecida desde junio de 1976 (Foto: Agustín Martínez)

Silvia Tronelli declaró ante los jueces del tribunal mostrando la foto de su hermana Mirta, desaparecida desde junio de 1976 (Foto: Agustín Martínez)

Desde la desaparición de Mirta, su padre “estaba muy triste, cada viaje que hacía y volvía sin noticias se deprimía mucho. Fue muy angustiante porque la queríamos mucho”, contó .

Agregó que en diciembre de ese año dos camiones repletos de soldados irrumpieron en su casa. “Uno de ellos me apuntó con el fal, me palparon, me manosearon y me mantuvieron apuntándome en la espalda hasta que mi papá les pidió que no me apuntaran más. Allanaron toda la casa con la excusa de que habían recibido una denuncia anónima”.

Silvia recordó que un día, después de varios años, “mi papá recibió una llamada diciendo que no la buscaran más, que Mirta estaba muerta y que la habían tirado al mar”. “Después supimos por testimonios que había estado en La Escuelita de Neuquén y de Bahía Blanca”, sostuvo.

La mujer resaltó la importancia de declarar en este juicio, sin embargo señaló que “me hubiera gustado que fuera antes, cuando estaban mis padres, porque ellos merecían participar”.

Al recordar a su hermana, la definió como “una persona muy íntegra, muy bella, muy inteligente, muy bondadosa, muy colaboradora, siempre ayudaba a la gente que necesitaba y la secuestraron por eso, por ayudar a la gente que menos tenía”.

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