Fuegos artificiales, un enemigo sonoro
Navidad y Año Nuevo están ligados a los fuegos artificiales tanto como a las nueces y al pan dulce. Color, espectacularidad y sonido para disfrutar y gozar, aunque hay algunos que no lo ven tan así: nuestros perros. Las mascotas sufren los estruendos, se estresan y se asustan, al punto de que algunos se pierden de sus hogares porque salen corriendo sin dirección alguna. De hecho, en los últimos días, en Mendoza, un grupo de dueños de mascotas se juntó con sus animales en el Parque San Martín para pedir que no se utilice pirotecnia en estas fiestas con el fin de cuidar la salud psíquica de las mascotas y también la auditiva, cuya sensibilidad es superior a la del humano y, por lo tanto, los estruendos los perturban aún más.
Pero, ojo, que no sólo los perros la pasan mal, también los gatos. Lo que ocurre con los felinos es que, al ser más escurridizos y más independientes de sus amos, se esconden mejor y corren menos riesgos al momento de los fuegos artificiales. El perro, en cambio, en su desesperación, actúa con mucha más torpeza y puede llegar a romper cosas y lastimarse en su intento por escapar de lo que él cree que es un peligro.
Lo ideal es no dejarlos solos las noches de Navidad o Año Nuevo. Prepararles un ambiente cerrado, sin objetos cercanos que pudieran ser riesgosos para su salud, e ir controlándolos. Si no queda más opción que dejarlos solos, asegurar bien puertas y ventanas. Y armarles un “refugio” al que puedan acudir en el momento más crítico, sintiéndose contenidos y con algún juguete cerca que pueda entretenerlos y mantenerlos ocupados. Hay también gotas calmantes por las que podemos consultar al veterinario. Pero, lamentablemente, es muy difícil en estas fechas que no se asusten ni sufran. Por eso cobra importancia estar con ellos, hablarles, tranquilizarlos, hacerles compañía y tratar de que lo que resulta inevitable fuera de casa lo sea puertas adentro: no tirar pirotecnia.
Collar puesto: Un riesgo es que se asuste, se escape y se pierda. Que lo puedan identificar es clave.
Las gotas sedantes, una buena solución
Por Sergio Gómez (veterinario)
La droga que se utiliza para sedar a los perros se llama acepromacina. Se trata de un medicamento que les disminuye la excitabilidad nerviosa sin embotamiento de la conciencia ni tendencia al sueño, produciendo un estado de quietud y calma con disminución de la actividad motora. La dosis depende del peso del animal, generalmente se utilizan de 1 a 3 gotas por kilo. Sin embargo, es importante entender que cada dosis es única para cada animalito: nunca hay que compararlas entre mascotas. Por ejemplo, para razas branquicefálicas (perros ñatos o cara chata, como los bóxer) y razas gigantes, hay que darles la mitad de la dosis recomendada. La acepromacina se administra directamente o previamente disuelta en agua, y la dosis se puede ajustar según al grado de tranquilidad requerido. El efecto es bastante inmediato: comenzará 30 minutos después de haberse suministrado las gotas.


