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La Mañana

Infierno que no es de primera

Por estos días alguien afirmó que de las pensiones de los clubes de fútbol salió el grito más ahogado de todos: el de los varones abusados. Varones, pibes que dejaron a sus familias y los escasos o casi nulos recursos en sus humildes lugares de origen para transitar cada escalón que los lleve a ese gran sueño de jugar en primera división. Y esa fantasía, propia del pibe que juega y que también se traslada a su familia, se transformó en un infierno. El caso de los chicos de Independiente abusados –hasta ahora son siete las víctimas, a las que pueden sumarse otras de otros clubes- constituye el delito de trata, por aquello de la captación, el traslado de la pensión a departamentos privados, explotación sexual y aprovechamiento de situación de vulnerabilidad por su condición socioeconómica.

Esos pibes hablaron sobre el infierno que vivían, que se traducía en el ofrecimiento de los abusadores desde dinero, botines, ropa y hasta cargas de la tarjeta SUBE.

Las palabras de esos pibes fueron escuchadas por profesionales de la psicología. Se dieron cuenta de que esa no era la manera de llegar a ese paraíso que es jugar en un club de primera. La trascendencia de esa escucha y de la situación de vulnerabilidad esperemos que sirva de ahora en más para frenar los abusos de poder sobre los cuerpos y esperanzas de esos pibes por alcanzar la gloria en la máxima división del fútbol. Acaso es lógico pensar que la intensa e incansable lucha de diversas organizaciones sociales en sacar de la oscuridad y del ostracismo del tiempo abusos de todo tipo, que incluye abusos sexuales y abusos sobre jóvenes, impulsó a estos pibes a enfrentar estos horrores sufridos y enterrar para siempre aquello de que “estas cosas ocurrieron siempre”.

Esa fantasía por llegar a jugar en primera, propia del pibe y de la familia, se transformó en un infierno.