Invaden de "serruchos" para frenar las altas velocidades

Los nuevos atenuadores duelen en el bolsillo porque dañan el auto.

ana laura calducci
calduccia@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- Quedaron atrás los días de la suave curva de los lomos de burro o la sutileza de las tachas de plástico. Para frenar a los automovilistas, el Municipio está instalando en todos los barrios de la ciudad unos nuevos atenuadores de velocidad aserrados, que muerden la rueda con dientes de hormigón. Para los taxistas y conductores particulares, son un dolor de cabeza y de bolsillo. Para muchos vecinos, la solución para cruzar la calle tranquilos.

Los nuevos "serruchos" son mucho más dañinos que los métodos que se usaban tradicionalmente en la capital neuquina. El Municipio compró en mayo 600 metros lineales de estos frenos dentados, lo suficiente para poner reductores en unas 100 esquinas.

4,5 tiene de alto cada diente de los nuevos reductores. La barrera punzante se arma con hormigón alineado.

Según explicó el subsecretario de Obras Públicas, Fabián García, se llegó a estos atenuadores punzantes porque todo lo demás no dio resultado. "Es lo único que funciona con las camionetas de ruedas grandes, que a las tortuguitas amarillas las pasaban por arriba como si nada", explicó.

Para reforzar el mecanismo, los nuevos atenuadores se están colocando en hileras dobles, de modo que no queda otra alternativa que pasar muy despacio para no romper la suspensión y el tren delantero.

Quejas de los automovilistas


En calles con mucho tránsito, el cruce con delicadeza sobre los serruchitos provoca embotellamientos con largas filas de autos. Impacientes, los conductores protestan, tocan bocina y recuerdan con nostalgia las épocas en que un simple lomo de burro alcanzaba.

"Puede ser molesto, pero los vecinos que nos piden atenuadores lo agradecen. Siempre va a haber un sector que se queja y otro que está contento, no podemos conformar a todos", razonó García.

Desde la Asociación de Propietarios de Taxis indicaron que no acuerdan con el mecanismo. "Lo que se necesita es concientización y no estos lomos con serrucho para arriba que nos aflojan hasta los dientes; nosotros andamos en la calle todo el día y, además de los badenes, ahora tenemos esto que es peor y te rompe el auto", se quejó Darío Grassi, presidente del organismo.

Leandro Franco, gerente de Indalo, fue más comprensivo. Dijo que "entendemos que es una causa y consecuencia, por eso el problema no son los pianitos, sino que no se respetan las señales de tránsito". Agregó, no obstante, que no estén en desacuerdo pero comentó que en algunos recorridos "nos obligaron a ajustar las frecuencias porque hay que pasar a 5 kilómetros por hora".

Por ahora, los reductores con dientes de hormigón se instalan en algunos barrios a pedido de los vecinos, hasta que se termine el stock. Sin embargo, no se descarta salir a comprar más si hace falta. Desde Obras Públicas remarcaron que dependerá de los propios conductores que los serruchitos se extiendan por toda la ciudad.

Se recibe una queja por día

En la Subsecretaría de Obras Públicas reciben en promedio 30 pedidos al mes de nuevos reductores de velocidad, uno por día. Los solicitan vecinos que viven sobre calles de mucho tránsito y no tienen un semáforo cerca.

Cuando se presenta un reclamo, se analiza el sitio y sólo se autoriza la colocación de los atenuadores si los técnicos municipales consideran que van a ser útiles para evitar accidentes. La prioridad son los cruces peligrosos y los accesos a colegios o centros de salud.

Sólo se pueden instalar reductores de velocidad en calles asfaltadas. Donde hay tierra, los peatones deben conformarse con el antiguo lomo de burro artesanal, que improvisan los propios vecinos con herramientas caseras.

Los "adefesios"

Apenas reasumió, Quiroga quitó los lomos de burro del centro, algo que fue celebrado por los vecinos. Entusiasmado, el jefe comunal afirmó que los reductores de velocidad eran "unos adefesios que pueden provocar accidentes" y salió a la calle en diciembre de 2011 junto a una "brigada amoladora" para derrumbar algunos de los odiados lomos de burro. "Estamos tratando de eliminarlos a todos", explicó en ese momento, cuando argumentó que los atenuadores eran inútiles y que el ordenamiento del tránsito pasaba por educar a los conductores. Pasaron casi cuatro años de aquel gesto y Pechi no tuvo más remedio que comprar cientos de metros de bloques premoldeados para frenar a los coches con filosos serruchos de hormigón, mucho más agresivos que los viejos lomos de burro.

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