La canchita de los militares

Durante más de cuatro décadas fue la canchita de fútbol del centro de la ciudad. En ese espacio se disputaron competencias intercolegiales y se disputaron miles de partidos con el sello del potrero. Ninguno de los que jugamos alguna vez ahí hubiéramos imaginado que la “canchita de los militares”, ubicada en la intersección de Islas Malvinas y Buenos Aires, se convertiría en uno de los terrenos más caros y codiciados de Neuquén.

A mediados de la década del 70 había muchos potreros en la ciudad y todos muy bien ubicados, dado que el desarrollo urbano recién comenzaba.

La canchita de la Policía (Alderete y Córdoba) y la ubicada en el triángulo conformado por Diagonal España, Santa Fe e Islas Malvinas eran los tres espacios preferidos para los picados, para quienes vivían de las vías hacia arriba. Pero la de los militares era la mejor porque era más pareja, no tenía tanta arena y encima tenía paredones para evitar que la pelota se fuera a la calle.

Los torneos siempre se pactaban entre los referentes futbolísticos de cada barrio. Y así, los fines de semana las canchitas cobraban vida y se llenaban de jugadores que disputaban partido tras partido, hasta que lo permitiera la luz del día.

Ayer, cuando se conoció la noticia de que el Ejército pondría ese terreno en venta, lo comenté entre amigos míos que ya pasaron los 50 y que alguna vez jugaron allí. Todos recordaron aquellos partidos jugados con las mismas ganas que en un Mundial, levantando tierra en cada patada y gritando goles a una hinchada siempre imaginaria. Todos recordaron aquel miniestadio de barrio, escenario de mil gambetas, al que cariñosamente llamábamos “la canchita de los militares”.

Los terrenos baldíos en pleno centro de la ciudad eran muy comunes en la Neuquén de los años 70 y 80.

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