La energía ocupará un rol central en la agenda del próximo presidente. Reducir el déficit del sector aparece como una de las prioridades para frenar la sangría de divisas (en 2014 se destinaron u$s 11 mil millones a importar gas, petróleo y combustibles). Otro de los desafíos que enfrentará el nuevo ocupante de la Casa Rosada será el manejo de los subsidios a la luz y el gas. No será una cuestión sencilla: si se opta por el recorte, habrá que diseñar una ingeniería muy precisa para quitar el beneficio a los sectores acomodados y al mismo tiempo evitar un tarifazo que provocaría un shock inflacionario. Si eso sucede, se licuarán los salarios y se afectará la competitividad de la industria. En paralelo, tendrá que afrontar los reclamos del sector petrolero, que comenzó a repuntar tras la nacionalización de YPF, luego de una década de caída de reservas y producción y de inversiones deprimidas. La provincia más expectante es Neuquén, que apuesta a que se generen las condiciones para que los yacimientos no convencionales sean el puntal de la recuperación del autoabastecimiento. En ese contexto, Daniel Scioli -quien pica en punta en la carrera presidencial- ya dejó claro que Jorge Sapag será un hombre clave en su gobierno. El neuquino está dispuesto a ser de la partida y le dio su espaldarazo durante la cumbre de la Ofephi del mes pasado. ¿Quedará Sapag al frente del futuro Ministerio de Energía o será un promotor de las inversiones? Su función la definirá el candidato del FpV si accede al sillón de Rivadavia, pero el impulsor de Vaca Muerta está llamado a ser una de las figuras fuertes del área energética nacional. El gran interrogante es cómo será la convivencia con Miguel Galuccio si Scioli lo mantiene al frente de YPF.