La historia de un monstruo
La expedición se armó con mucho tiempo, sin descuidar detalles. El objetivo era cazar al monstruo de la laguna. Si lograban traerlo vivo, mejor. De lo contrario, había un lugar para un experto taxidermista que se encargaría de conservar su aspecto original.
El 22 de marzo de 1922 salió la expedición desde Buenos Aires, en medio de un clamor popular. Todo se había originado por la denuncia de un hombre de la zona de Epuyén, en Chubut, que aseguraba haber visto las pisadas de un plesiosaurio, un animal extinto hace millones de años.
La noticia había impactado de manera increíble en la comunidad porteña. La posibilidad de encontrar a esa criatura prehistórica con aspecto de reptil y de proporciones gigantes era algo realmente increíble. Tal era el entusiasmo, que algunos comerciantes comenzaron a vender productos con la imagen del plesiosaurio. Lanzaron una marca de cigarrillos con ese nombre y hasta se compuso un tango que relataba la vida del animal.
Sin embargo, la expedición nunca logró hallar al monstruo en cuestión.
Años después, nuevas denuncias, pero en la zona del lago Nahuel Huapi, volvieron a alertar sobre la presencia de un plesiosaurio. Y los expertos indicaron que esas supuestas apariciones eran más creíbles, teniendo en cuenta la profundidad y las dimensiones de ese espejo de agua.
A partir de ese momento, los supuestos avistamientos se multiplicaron y los habitantes de la región se autoconvencieron de que esa leyenda era realmente cierta y que servía para atraer visitantes. Lo único que faltaba era darle un nombre a esa criatura.
Como vivía en el Nahuel Huapi, se pensó que lo mejor sería un apodo simpático. Y ahí surgió Nahuelito. El resto es historia conocida.
En la década del 20 todo Buenos Aires hablaba del supuesto monstruo que vivía en el territorio de Chubut.


