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La Mañana

La meritocracia dentro del MPN

Lucila Crexell sabe internamente que hablar mal del MPN es firmar un acta de defunción anticipada. La senadora cruzó una línea peligrosa al criticar la forma en la que el partido provincial construye candidaturas y acuerdos con la marca del apellido Sapag, que ella también lleva en su sangre. Más allá de que sus palabras hayan cosechado los aplausos silenciosos de los desencantados internos y de quienes sueñan que algún día el partido-empresa-estado-feudo deje de gobernar la provincia de Neuquén, ponerse de enemiga (ya lo era desde antes) a su propia familia puede costarle la continuidad de su carrera política. “Estoy jugando con mucha libertad y asumo el costo de decir las cosas que digo, sabiendo que puedo quedar fuera de todo”, explicó en una conversación con este diario. La relación de la senadora con algunos miembros de su familia puede quedar en la órbita privada; pero, en realidad, la crítica está dirigida al manejo partidario, a un cambio de mirada que tiene que tener un partido político en la elección de sus representantes. Un planteo platónico y difícil de desarrollar con un partido que le da empleo al 30% de los neuquinos en forma directa. Crexell cree que la “meritocracia” podría ser una buena categoría para comenzar a poner reglas más abiertas dentro del MPN. Pero de hacerlo, se pondría en riesgo el sistema de gobierno. Ya hubo intentos de poner extrapartidarios como una forma de oxigenar el partido. El último caso es el de Adrián Lammel, director del hospital Castro Rendón y segundo candidato a diputado nacional. El gobernador Omar Gutiérrez habló de una “estabilidad política” de Neuquén para atraer inversiones. Precisamente, la garantía de que el emepenismo gane de nuevo las elecciones.

La senadora Lucila Crexell criticó los manejos del partido con el riesgo de quedarse fuera del sistema.