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La Mañana

La política que hace agua

Los neuquinos tuvimos la última semana una confirmación oficial: el río Limay está severamente dañado por la contaminación. La única respuesta al saneamiento viene como un escabroso eco desde el futuro: que esté o no más limpio dependerá de la necesidad de generar energía. Si hace falta, las represas aguas arriba liberarán más caudal y así la “autodepuración” del río permitirá un asomo de tranquilidad al ir al río. Las chicanas, por ahora, son la única respuesta: el intendente Horacio Quiroga y el titular de la AIC, Elías Sapag, tuvieron un encontronazo radial por LU5. Fue un deslinde de culpas, aunque sin respuestas hacia adelante. La contaminación del Limay atañe a varias localidades. Hay una crisis estructural del tratamiento de los residuos cloacales. La falta de planificación, el alocado ritmo de crecimiento, los asentamientos y el Estado haciendo la vista gorda durante décadas estallan hoy en la ribera neuquina. De esto no se habla mucho. Son miles de millones los que deberían invertirse en obras que nadie vería: mejoran la calidad de vida de miles, pero los caños quedan escondidos debajo de la calle. Ocurre algo similar con otro gran problema de la ciudad, también atravesado por las diferencias entre el MPN y el gobierno de la capital. Neuquén debió inundarse dos veces para que surgiera cierta reacción de la clase política, aún con resultados por ver. Este año también anunciaron una comisión para discutir el postergado contrato de concesión del EPAS, pero no se supo más. El escenario no propicia los acercamientos: en un 2017 electoral, los políticos se sacarán los ojos con las carencias de la ciudad. Hoy podrían comenzar a salvar el Limay. Sin consensos que le hagan una finta a las diferencias políticas, perdemos todos.

El 2017 con elecciones impone otra dificultad a los acuerdos que necesita la ciudad para sus carencias principales.