El pueblo albinegro ya armó su caravana de fe, que suma cientos de almas impulsadas por un partido que puede quedar guardado para siempre en el corazón y en la historia. La interminable peregrinación a Lanús tiene día y lugar elegidos desde hace rato. Pero, pacientes, mirando las redes sociales, la tele y los portales, los hinchas de Cipolletti debieron esperar, desesperados, hasta que llegó la confirmación de la organización de la Copa Argentina y de la AFA recién el jueves pasado. La cancha de Lanús y el sábado 10 de junio habían sido escogidos mucho antes. Pero hacía falta ese último paso formal para empezar a armar el viaje, sacar los pasajes, pedir el día en el laburo o en casa, para acompañar al equipo y cumplir con los sentimientos.
Pero, claro, esto es fútbol argentino. Y aunque el “todo pasa” ya no manda, igual “todo puede pasar”. “Tendrán que reprogramarlo”, avisó ayer Matías Lammens en el Nuevo Gasómetro. Entonces, la ansiedad y la espera salen otra vez a la cancha, mientras el presidente de San Lorenzo para la pelota e insiste en la postergación del encuentro para julio, una vez que el Ciclón termine de disputar el torneo local, en el que se juega la clasificación a la Libertadores. Un objetivo grande, una excusa chiquita para no querer enfrentar a un rival al que le saca dos categorías de ventaja porque cinco días después tiene otro desafío.
El Capataz de la Patagonia deberá aguardar cuánto peso en AFA conserva el Ciclón tras la salida de Marcelo Tinelli para programar no sólo su viaje y su partido en Buenos Aires, sino lo que le resta en el Federal A y una temporada que se puede estirar más allá del 30 de junio. Porque la fecha ya está fijada, pero esto es el fútbol argentino, en el que los hinchas albinegros, a cinco días de una cita con la historia, no saben si pueden armar el bolso.
El Capataz de la Patagonia deberá aguardar cuánto peso en AFA conserva el Ciclón sin Tinelli.


