Las historias de ovnis se reavivaron en el norte

Relatos de lugareños y de un cura sobre sus extrañas experiencias.

POR PABLO MONTANARO / montanarop@lmneuquen.com.ar

El anuncio de la construcción de un mirador para el avistaje de ovnis en La Puntilla, un corredor ubicado a 5 kilómetros de Las Ovejas, reavivó por estos días una serie de leyendas, mitos e historias que se vienen repitiendo desde el siglo pasado de observaciones de objetos no identificados e incluso de seres extraterrestres.

Desde Huinganco, lugar donde vive el historiador Isidro Belver consideró “interesante” la propuesta del mirador por la cantidad de antecedentes que “avalan este turismo ufológico” en ese lugar privilegiado de La Puntilla. “Este observatorio o mirador de ovnis, con luces o sin luces, raras o soñadas, contribuye a la puesta en valor de uno de los tantos atractivos exclusivos que tiene el norte neuquino”, comentó a LM Neuquén.

Hasta el intendente de Las Ovejas, Vicente Godoy, comentó que viene escuchando de varios pobladores relatos de haber visto objetos no identificados como el caso de ese vecino que sobre el puente de Butalón vio salir desde el agua una “luz importante”.

Para Belver no es exagerado ni extraño hablar de “puerta cósmica” al tener enfrente, sobre la Cordillera del Viento, los “extensos campos de petroglifos del misterioso Colomichicó”, un sitio de pinturas rupestres. Una puerta cósmica, en la que se cuenta que entran y salen extraños objetos tripulados por supuestos visitantes de planetas desconocidos.

Belver menciona al húngaro Bela Veiko, “un minero que se volvió loco”, que sostenía allá por los años 30 que esos extraños rasgos en las rocas dispersas en Colomichicó eran “indicaciones para la entrada a la ‘ciudad antropológica subterránea’, ocupada por extraños y laboriosos visitantes”.

Agrega que muchos pobladores dicen haber visto de noche, luces raras, sobrevolando el lugar; en tanto, otros las han visto en las cabeceras de la misteriosa quebrada del arroyo Butalón, donde ya el mismo coronel Manuel Olascoaga, fundador de Chos Malal y primer gobernador del Territorio Nacional del Neuquén, “hablaba de una extraña cueva, de donde salía un espeso y misterioso humo negro”.

Por estos días, las redes sociales fueron el espacio donde se congregaron algunas de esas historias. Una de ellas la contó un lugareño que iba en su coche y de pronto surgieron desde el barranco unas pequeñas luces que lo siguieron un largo trecho mientras trataba de escaparse rápidamente del lugar.

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Otra de las historias que circulan tiene como protagonista al sacerdote misionero Marcelo Gardín, quien llegó a la zona en los 40. “El padre Gardín solía contarle al obispo Jaime de Nevares de las extrañas y amigables luces que por la zona de Ahilinco y Domuyo, lo acompañaban desde lo alto en noches oscuras para que el caballo no tropezara”, cuenta Belver.

Gardín se habituó a estos “ángeles gauchos”, como las llamaba a esas luces, que lo acompañaban en sus soledades misioneras. Y agrega Belver: “Riéndose decía que cuando se veía en dificultades aparecían unas luces que le alumbraban el camino a la mula. Eran esos ‘ángeles’ que protegían al padre”.

--> Las “visitas” que llegaron a Manzano Amargo

La noche del 17 de febrero de 1981 en Manzano Amargo, Fermín Albornoz dormía junto a dos compañeros en una precaria construcción al lado del corral de ovejas, perros y caballos en la veranada. El ruido de los animales en plena madrugada lo despertó y a unos veinte metros distinguió una luz circular de color celeste. Despertó a sus compañeros mientras sentía sobre su cabeza un fuerte zumbido que según declaró “venía de arriba”.

Albornoz sintió la tierra moverse y frente a él la aparición de dos figuras antropomorfas de baja talla vestidos con ropas azules. Según su testimonio, las figuras estuvieron quietas durante unos segundos y luego desaparecieron.

A los pocos días del insólito hecho, el psicólogo y ufólogo Roberto Banchs se acercó hasta Manzano Amargo para comenzar una profunda investigación sobre lo ocurrido. Banchs entrevistó a Albornoz, a quien 37 años después lo recuerda como “un hombre simple, de campo”.

“Una médica de Las Ovejas y un agente sanitario de la zona colaboraron conmigo. El relato de Albornoz fue absolutamente sincero, sin intencionalidad”, señaló el psicólogo. “Su apreciación encuadraría dentro de los relatos de ovnis con ocupantes porque hubo una luz y dos figuras que ocupaban ese objeto no identificado”, concluyó.

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