Les dura poco la alegría
Tardó siete años para volver a gritar campeón Independiente. Tardó un par de días, más bien horas, su dirigencia en empezar a desarmar el plantel que se coronó. Ya no está Ariel Holan, el gran hacedor de este dulce presente, el técnico que le devolvió la entidad al Rey de Copas, y varias figuras del elenco que se consagró en la Sudamericana preparan la valija para irse. Tagliáfico es pretendido desde Alemania y por Barco entró una oferta irresistible del fútbol de los Estados Unidos.
Si bien es cierto que lo del entrenador se trató de una decisión personal y fue él quien pegó el portazo, igualmente la CD parece que no hará demasiado esfuerzo para retener a los futbolistas que le devolvieron la gloria al club en el plano internacional.
Lo de Independiente no es un caso aislado sino que hay una preocupante tendencia en un fútbol argentino en el que los campeones se desarman por necesidad económica. Aprovechan que aumentan las cotizaciones de los jugadores para venderlos mejor y así obtener un alivio para sus dañadas arcas. Pero, al mismo tiempo, desperdician una ocasión propicia para seguir ganando títulos y marcar época. Por eso, sacando el River de Gallardo, ya no se producen los famosos “ciclos exitosos” de equipos que prevalecen sobre el resto durante mucho tiempo, como fue el Boca de Bianchi o el Vélez del Virrey. Al mismo tiempo, esta permanente desarme de planteles favorece a los más poderosos, que maquillan o hacen pequeñas modificaciones en sus planteles aún cuando se consagran. El Xeneize de Guillermo, que aspira a la Libertadores 2018 y va por más, es un ejemplo.
Lo bueno dura poco. Independiente y tantos otros lo saben.
En el fútbol argentino, los campeones suelen desarmarse, lo que impide que se generen ciclos exitosos.


