Los de adentro y los de afuera

Como una alegoría de aquel muro que el talentoso músico Roger Waters planteó con la mítica banda inglesa Pink Floyd en The Wall, los barrios cerrados en Neuquén exponen un fenómeno que se reproduce cada vez más en el país, estableciendo una división algo incómoda entre "los de adentro" y "los de afuera".

Mucha gente elige los barrios cerrados porque buscan más y mejores condiciones de seguridad.

Las teorías, fundamentadas en muchos casos respecto de los perjuicios de habitar en estos lugares, apuntan a la falta de contacto con lo que puede entenderse como el "mundo real". En esa línea de análisis se ubica a los niños como los más afectados, bajo el argumento de que no se desarrollarán en un centro urbano abierto y que eso los alejaría de una visión mucho más abarcativa de las cosas.

La razón o el origen de por qué mucha gente, con ciertas condiciones económicas, elige los barrios cerrados es mucho más elemental: se buscan más y mejores condiciones de seguridad.

Hay emprendimientos, como Nordelta y otros de la provincia de Buenos Aires, que casi se pueden considerar ciudades cerradas, con escuelas, iglesias, clubes y centros comerciales. Ese estilo de vida, cercano a una especie de The Truman Show, está lejos de parecerse a las características que hoy Neuquén ofrece en cuanto a sus barrios cerrados.

Sin embargo, sobresale un denominador común, asociado a la premisa de que esa percepción de "tranquilidad", que aleja todo peligro, es más importante que cualquier otra cosa. Y allí mueren todas las teorías y los efectos no deseados de un fenómeno que bien podría engrosar un tratado de sociología.

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