La señalización de la Unidad Penal 9 de esta ciudad, el miércoles pasado, como sitio de la memoria del terrorismo de Estado constituye una búsqueda de sentido de ese pasado en el que dominaron el terror y la muerte para reflexionar acerca del presente, aunque algunos insistan en no revolver más lo vivido. Para aquella sociedad afectada por la violencia y esta que transitamos, la memoria se presenta como valor terapéutico colectivo, de reconocimiento social y de justicia.
El acto que se llevó a cabo en la puerta misma de la cárcel, donde permanecieron en forma ilegal detenidos de la región durante la última dictadura militar -algunos de ellos están desaparecidos-, forma parte de ese ejercicio de la memoria en permanente construcción.
Es una forma de bregar para que esos hechos que constituyeron delitos de lesa humanidad se sigan conociendo y son un aporte esencial para la continuidad de los juicios contra los responsables. Porque no sólo es juzgando a quienes cometieron esos delitos que se agota el problema de la memoria. Porque para promover la memoria colectiva los hechos deben ser recordados en forma compartida, ya sea expresada en monumentos y homenajes o, como en este caso, señalizaciones. Reconstruir lo ocurrido haciendo hincapié en los aspectos positivos para la identidad social.
El historiador judeo-estadounidense Yosef Yerushalmi señala que cuando la generación poseedora del pasado no la transmite a la siguiente, o cuando esta rechaza lo que recibió o cesa de transmitirlo, el olvido avanza, porque "un pueblo jamás puede olvidar lo que antes no recibió".