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La Mañana

Noches mágicas que terminan mal

La noche mágica de Chano terminó mal. Muy mal. Desde el amanecer del jueves, cuando todo estalló en la TV, su estado generó sospechas y noticias las 24 horas, y los memes (chistes que se propagan por internet) que enojaron a Juanita Viale se multiplicaron a la par de las estrategias de sus abogados buscando una explicación a su extraño accionar al volante. El hecho, a la espera de los videos de seguridad que acrediten o descarten el intento de asalto que lo habría llevado a perder el control, tiene por ahora un claro responsable, muy difícil de defender públicamente y ante un juez. Pero también, tres aristas que marcan problemáticas que nos involucran a todos. O casi. 1) Chano, como la mayoría, intenta echarle la culpa a otros. No lo hace él, pero sus abogados quieren desviar la mirada y colocarlo en rol de víctima y no de victimario. Un clásico. 2) Chano manejaba -lo confirmaron los exámenes toxicológicos- bajo los efectos de sustancias prohibidas varias en el cuerpo. Grave. Muy. Pero nada que no veamos o que suceda cada noche, potenciado los fines de semana, en una época en que salir es sinónimo de tomar alcohol, y la parte más “divertida” es la previa, siempre bien regada -cualquiera sea el aditivo- para que no decaiga el ánimo y se pueda arrancar a las 4 de la mañana. Levante la mano el que lea esto y nunca haya manejado con más de 0,5 gramos de alcohol en sangre, a la vuelta de un casamiento, de un cumpleaños, en una salida entre amigos. ¿Eso lo hace inocente? Para nada. Pero muestra cómo podemos criminalizar a alguien por hacer algo de lo que casi nadie escapa. 3) La última es más nueva. Presos de una sociedad violentada, hay que hacerle sentir en los huesos al culpable el mal que originó. Mandarlo al hospital porque no lo enviarán a la cárcel. Hacer justicia por mano propia, aunque en la próxima podamos estar del otro lado.