En su precaria vivienda del barrio 2 de Mayo, rodeada de algunos de sus diez hijos y once nietos, María Luisa afirmó que emprenderá la titánica tarea de convencer a sus vecinos, que no tuvieron la posibilidad de asistir a un colegio o de terminar la primaria, para que se anoten en las escuelas para adultos. Les insistirá porque, según ella, el estudio les va a ofrecer un lugar en la sociedad, una mejor calidad de vida y la seguridad de estar un poco más preparados para enfrentar el diario acontecer.
El adulto que vuelve a estudiar lo hace movilizado por la necesidad de superarse. El mayor desafío que cargan estas personas es juntar coraje y dejar de lado la vergüenza.
Con tremenda valentía y objetivos precisos, María Luisa enfrentó varios días a la semana calores intensos, vientos fríos y cortantes para emprender su caminata de decenas de cuadras desde su precaria vivienda hasta la escuela para decir presente y transformar ese vacío en un presente y futuro mejores. Y, sobre todo, ser un ejemplo digno de imitación.


