Nunca es tarde para empezar

Tienen familia, hijos y trabajo o simplemente son amas de casa, y se pusieron como prioridad, después de muchos años de postergaciones y un sinfín de limitaciones, regresar a la escuela para terminar sus estudios primarios. Detrás de la historia de María Luisa Justiniano (ver página 4), que a los 49 años finalizó la primaria en un Centro de Educación para Adultos ubicado en el oeste de la ciudad, se desprende una infancia sin posibilidades de educarse, viviendo en situaciones de vulnerabilidad, trabajando desde chica, sin un mayor que la apoyara para educarse. Después, el paso del tiempo, ese gran tirano de la vida cotidiana, la obligó a que la educación fuera una asignatura pendiente.

El mayor desafío que enfrentan los adultos que vuelven a estudiar es juntar coraje y dejar de lado la vergüenza.

En su precaria vivienda del barrio 2 de Mayo, rodeada de algunos de sus diez hijos y once nietos, María Luisa afirmó que emprenderá la titánica tarea de convencer a sus vecinos, que no tuvieron la posibilidad de asistir a un colegio o de terminar la primaria, para que se anoten en las escuelas para adultos. Les insistirá porque, según ella, el estudio les va a ofrecer un lugar en la sociedad, una mejor calidad de vida y la seguridad de estar un poco más preparados para enfrentar el diario acontecer.
El adulto que vuelve a estudiar lo hace movilizado por la necesidad de superarse. El mayor desafío que cargan estas personas es juntar coraje y dejar de lado la vergüenza.
Con tremenda valentía y objetivos precisos, María Luisa enfrentó varios días a la semana calores intensos, vientos fríos y cortantes para emprender su caminata de decenas de cuadras desde su precaria vivienda hasta la escuela para decir presente y transformar ese vacío en un presente y futuro mejores. Y, sobre todo, ser un ejemplo digno de imitación.

Fuente:

¿Qué te pareció esta noticia?

Noticias Relacionadas

Deja tu comentario

Lo Más Leído