Los políticos hablando de pares que se aprovechan de la muerte de un jubilado solitario en una sede del Anses y aquella del fiscal en su departamento de Puerto Madero son exactamente la misma cosa: una clase política que se repite en viejas fórmulas que quisimos erradicar después de la crisis del 2001 pero lamentablemente no pudimos. Los nombres y los métodos se siguen reiterando a pesar de que los logos o los nombres de las agrupaciones sean diferentes.
¿Qué llevó a Rodolfo, a sus 91 años, a dispararse en la oficina de Anses de Mar del Plata? Eso sólo lo sabría él en su interior. Nosotros, y seguramente su familia también, practicaremos un montón de hipótesis: desde la soledad por la pérdida de su compañera de vida y la de su mejor amigo hasta los sinsabores de tener que ir, a su edad y con ayuda de un bastón para movilizarse, a realizar un trámite en el organismo nacional.
Y era lógico: en pleno año electoral –ocasión en la que cualquier manifestación como la de Quebracho en la 9 de Julio o fotos como las de los huesos de pollo del súper se utiliza–, la muerte de un abuelo sería un plato suculento para los voraces intereses de la política, sea cual fuere la vereda en la que se esté parado.
Y las acusaciones se viralizarán en las redes sociales al igual que las opiniones en los medios de comunicación -principalmente en los audiovisuales, en los que dejará de ser interés (por un rato) la odisea de la captura de un momo suelto en Quilmes o la continuidad del escándalo por el affaire de Latorre- para hablar aunque sea un poco de la realidad que aprieta por momentos a la sociedad a la espera del ansiado despegue anunciado (semestres después), aunque sea en una línea aérea de bajo costo.


