Paradojas de los subsidios

Todo indica que a partir del primero de enero del 2016 el gobierno nacional eliminará subsidios a las tarifas residenciales de luz y gas para determinados sectores sociales, tal como había adelantado el ministro de Energía Juan Aranguren.

Mucho se ha alertado sobre la transferencia de recursos desde los sectores populares hacia las empresas que provocaría la eliminación de subsidios. Pero la realidad indica que muchos sectores, con capacidad financiera, se han visto beneficiados por una mala política energética del gobierno de Cristina.
Un ejemplo de esto es el GNC (gas natural comprimido). El país importa grandes volúmenes de gas porque la producción local no alcanza para cubrir la demanda interna. En economía, uno de sus principios señala que un bien escaso es caro y viceversa, si el bien es abundante. En el país, el anterior gobierno logró romper esa regla. El gas, que es escaso, es el energético más barato. Para los vehículos el GNC es el combustible más barato. Ahora, ¿quién usa GNC? Los sectores de mayor poder adquisitivo no lo usan y consumen naftas o en algunos casos gasoil. El transporte público de pasajeros (colectivos), empleado por el sector de menores recursos, no usa GNC. Mayoritariamente, el GNC es empleado por taxis, remises y clase media. El pobre, ese que lucha por una garrafa social, directamente no tiene vehículo y mucho menos usa taxis o remises. Es decir que con el GNC se termina subsidiando a la clase media. Lo mismo sucede con el gas domiciliario. Su precio es paupérrimo si se compara con el costo de la televisión por cable. Sería clave que los subsidios fueran a aquellos que realmente lo necesiten y no a sectores que hablan por la izquierda y comen con la derecha.


En economía se sabe que un bien escaso es caro y viceversa. El gas es escaso pero muy barato.

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