En tiempos electorales la catarata de anuncios de obra pública, principalmente, inunda cualquier espacio político. El desarrollo urbano, la educación, la salud y la seguridad, entre otros sectores, son condimentos que alimentan el año electoral de tal y cual agrupación política. Y cuando la delgada línea de financiamiento de esos anuncios tiene varios actores, que defienden moneda por moneda, como si de cada peso citado dependiera de un futuro voto, primero en las primarias de agosto y luego en las generales de octubre.
Así, el anuncio del viernes de la futura construcción de nueve escuelas y las obras en tres hospitales provinciales desató una embestida de referentes de Cambiemos en defensa de los aportes nacionales contra los del MPN que hacían gala de lo anunciado por el gobernador. Como en otrora, los referentes provinciales defendieron el financiamiento de la construcción del Parque del Este y se cruzaron -en el principal escenario del chicaneo que son las redes sociales- con los simpatizantes del intendente.
Y sólo cito dos ejemplos perdidos en la arena política donde el enfrentamiento está a flor de piel en un año electoralmente recargado, porque no sólo podría definir un legislativo -tanto municipal como nacional- sino el panorama en vistas al 2019.
¿Importa quién pone la plata aquí o allá? O, más bien, ¿no es más importante que las obras públicas lleguen a la comunidad después de tantos años?
Incluso la mezquindad política, en busca de preservar votos, lleva hasta cercenar ayuda social a organizaciones que surgen ante la falta de asistencia del Estado. ¿Alguna vez los políticos pensarán más en la gente que dónde rasguñar un voto?
¿Importa quién pone la plata? O, más bien, ¿no es más importante que las obras lleguen a la comunidad?


