Petroleros complicados

La paciencia de los petroleros se empieza a agotar. Su voto en masa a Mauricio Macri, a instancias del patriarca Guillermo Pereyra, no les ha rendido frutos en los bolsillos. Con una inflación galopante, centenares de suspensiones, la promesa incumplida de la eliminación del impuesto a las ganancias y otro mes que se termina sin una recomposición salarial, el ambiente se pone espeso. Esta semana se abrió una negociación que no avanzó en nada. El gremio pidió un 40% de aumento, pero el sector empresarial ni siquiera se preocupó en presentar una oferta. Pereyra, que ya había levantado la convocatoria a una movilización masiva por el centro de la ciudad, llamó a una huelga para el lunes. Como es costumbre, se espera que Trabajo dicte la conciliación y la medida se cancele. Las grandes empresas de servicios especiales quieren extender el preventivo de crisis y el esquema de suspensiones rotativas, y agitan el fantasma de los despidos masivos. Aseguran que hasta que no se recuperen los precios del petróleo no queda otra que ajustar, dicen que sobra gente y no dejan margen para los aumentos. Las productoras, en cambio, están dispuestas a negociar una suba –en cuotas hasta mediados de 2017– pero muy por debajo de la pretensión gremial. En medio de esta puja, la actividad cayó un 30 por ciento en la cuenca neuquina, por el freno que pusieron YPF y Chevron en Vaca Muerta. Las decisiones de la petrolera nacional para el segundo semestre del año serán vitales para el sector, mientras reina la incertidumbre porque aún no se designó al nuevo gerente. En este contexto, no se vislumbra una lluvia de inversiones que cambie el panorama, pese a que Nación duplicó el precio del gas en boca de pozo a las petroleras. No pidió nada cambio.

Votaron a Macri bajo la promesa de no pagar más ganancias, pero pierden poder adquisitivo y no hay suba.

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